miércoles 8 abril, 2026

Los tres restos fósiles de gliptodontes en Lomas de Zamora: la prehistoria de nuestro distrito


Hace 30 mil años, Lomas de Zamora se hundía bajo el paso de mastodontes y tigres dientes de sable; un mosaico de marismas y estepas que, tras la irrupción humana, escribió una de las sagas más dramáticas de nuestra paleohistoria.

De acuerdo a la Antología Histórica Lugareña de Lomas de Zamora, dirigida por Antonio Grassi, los pastizales que flanquearon la zona del Río Luján al sur, albergaban un bestiario formidable: perezosos terrestres bípedos de siete metros, osos pampeanos, “una mixtura entre hipopótamo y rinoceronte” llamada Toxodon, camélidos trompudos como Macrauchenia y armadillos del tamaño de un auto. “Estos mamíferos vegetarianos constituyeron, con mucho, las población más abundante y ampliamente distribuida de nuestra prehistoria”, anotó la investigación que recuperó restos de Glyptodon ornatus durante la rectificación del Matanza en 1913.

El ocaso de aquella megafauna llegó en oleadas sucesivas: el clima viró hacia fríos y sequías y, en simultáneo, los primeros cazadores aprovecharon la merma de biomasa para presionar con boleadoras y puntas cola de pescado. Los científicos explican la desaparición como un “zigzag” roto por la doble pinza hielo‑hombre, un punto de inflexión que dejó las pampas sin sus colosos y moldeó la dieta, los mitos y la movilidad de los pueblos originarios.

No obstante, Lomas de Zamora nunca entregó restos humanos prehistóricos, y sus fósiles animales se cuentan con los dedos: tres caparazones de gliptodonte. El primero salió a la luz en 1913, cuando las máquinas rectificaban el curso del Matanza; se conserva hasta hoy en el Museo de La Plata. El segundo testimonio data de 1839: Richard Owen describió piezas extraídas a orillas del mismo río, en Cañuelas. Ese material viajó a Londres y engrosa la colección del British Museum, símbolo de un saqueo científico que aún duele en el sur bonaerense.

La única exhumación moderna ocurrió en 1963 en Av. Yrigoyen 9549, durante la obra de la futura sede del club Los Andes. Era un caparazón casi íntegro, pero los curiosos lo desmenuzaron para llevarse “un recuerdo de la fantástica criatura”, según relataron los obreros.

Estos mamíferos vegetarianos marcaron la prehistoria local: se diversificaron en al menos siete subespecies y constituían la fauna más numerosa del Lujanense. Los ejemplares lomenses pertenecen al Glyptodon ornatus, cuyo lomo lucía “adornado” con placas en roseta y figuras poligonales que hoy todavía asombran a los paleontólogos.

Cada fragmento rescatado recuerda que bajo el asfalto late una pampa profunda, donde la megafauna caminó mucho antes de que el barrio levantara sus primeras paredes; un legado que exige preservación y memoria científica en clave popular.

ACTUALIDAD

― Ad ―

spot_img