sábado 4 abril, 2026

Billiken: un ícono escolar de más de un siglo convertido en plataforma digital

La revista Billiken apareció por primera vez el 17 de noviembre de 1919, fundada por Constancio C. Vigil bajo el sello de Editorial Atlántida. Su nacimiento se dio en un contexto de expansión de la educación pública, en el que el Estado buscaba consolidar una identidad nacional a través de la escuela. Desde el inicio, Billiken se pensó como una herramienta para acompañar a estudiantes y docentes en ese proceso.

Durante décadas, la publicación ofreció artículos sobre historia, geografía, ciencias y temas escolares, acompañados de ilustraciones, dibujos y láminas que se convirtieron en clásicos. Estas figuritas, fichas y materiales gráficos fueron muy utilizados tanto en el aula como en el hogar, lo que consolidó a la revista como puente entre la institución educativa y las familias.

El nombre de la publicación fue una muestra de ello. Fue bautizada de ese modo por el muñequito de buena suerte que la ilustradora estadounidense Florence Pretz había creado en 1908. La perspectiva internacional de la revista también se ve en la imagen ahora icónica del niño de la primera tapa. Se trató de una versión “acriollada” de una ilustración de la publicación estadounidense The Saturday Evening Post de 1914. Billiken no fue la primera revista infantil de la Argentina y Vigil mismo había hecho un primer intento con Pulgarcito en 1904.

Billiken también reflejó las ideas de su tiempo. En sus primeras décadas adhirió al modelo educativo conservador de principios del siglo XX, con un enfoque tradicional y eurocéntrico. Bajo esta perspectiva, el niño era considerado un receptor de valores morales y patrióticos, en sintonía con el proyecto de nación que se buscaba consolidar.

A lo largo de su historia, la revista se mantuvo atenta a los cambios en los gustos infantiles. Incorporó historietas, personajes de ficción, cuentos, juegos, y más adelante, contenidos relacionados con la música, la televisión y el cine. Entre sus personajes más recordados están Pelopincho y Cachirula, Pi-Pío, El Mono Relojero y La Hormiguita Viajera.

Durante los distintos gobiernos y contextos políticos, Billiken fue adaptando sus contenidos. En los años del peronismo, reflejó elementos de la estética oficialista, mientras que en el período de la última dictadura cívico-militar (1976-1983) su editorial mostró una alineación activa con el régimen, hecho que ha sido objeto de análisis crítico por parte de especialistas e investigadores.

El vínculo entre Billiken y el Estado fue clave para entender su permanencia en el tiempo. Como producto cultural, reflejó y a la vez ayudó a difundir valores dominantes en distintos períodos. En especial, jugó un rol importante en el proceso de homogeneización cultural en un país marcado por la inmigración y la diversidad social.

Las transformaciones del mercado editorial y la aparición de nuevas tecnologías obligaron a la revista a modificar su formato. En febrero de 2019 se dejó de publicar en papel y se transformó en una propuesta digital multiplataforma, manteniendo su marca histórica pero adaptada a nuevos formatos de consumo y a las pautas de lectura actuales.

A lo largo de sus más de cien años de historia, Billiken supo ganarse un lugar en el imaginario las infancias y lectores. Acompañó los cambios culturales, las políticas educativas y los hábitos de lectura, siendo testigo y protagonista de un siglo de historia argentina.

Hoy, en su versión digital, Billiken continúa activa, apostando a nuevos formatos interactivos y recursos pedagógicos online. Aquel proyecto iniciado en 1919 sigue en pie, reconfigurado por los tiempos, pero con el mismo objetivo de acercar el conocimiento a los más chicos.

Javier Califano para DIARIO LOMAS

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