El 9 de julio de 1816, mientras en Tucumán nacía una nueva nación, el actual territorio de Lomas de Zamora era un paisaje de estancias, caminos de tierra y escasos habitantes. La antigua Estanzuela del Estado abastecía de caballos a Buenos Aires y el Camino Real marcaba el ritmo de la vida cotidiana.
Mientras los diputados reunidos en San Miguel de Tucumán firmaban el Acta de la Independencia que daría origen a una nación soberana, a más de mil kilómetros de allí el territorio que hoy ocupa Lomas de Zamora vivía una realidad muy distinta. No había calles, plazas ni edificios públicos. Tampoco existía un pueblo organizado. El paisaje estaba dominado por campos abiertos, suaves lomadas y el constante paso de carretas sobre el antiguo Camino Real.
En 1816, las actuales tierras lomenses integraban el Partido de Quilmes y formaban parte de la antigua Estancia de Zamora, que después de la Revolución de Mayo había pasado a llamarse Estanzuela del Estado. Aquel enorme establecimiento fiscal era estratégico para el gobierno, ya que allí se criaban y cuidaban caballos destinados al servicio público y militar.
Al frente de la administración se encontraba el teniente coronel Florencio de Jesús Núñez, veterano de las Invasiones Inglesas y protagonista de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires. Durante más de una década tuvo a su cargo el cuidado de esas tierras y convivió con los primeros pobladores de la región.
La vida cotidiana transcurría entre tareas rurales. Un reducido grupo de familias criollas trabajaba la tierra y criaba ganado. Entre ellas sobresalían Tomás Grigera y Antonio Luciano Ballester, considerado uno de los principales pioneros de la zona.
Ballester había instalado, en 1813, una panadería y confitería sobre el Camino Real, el trazado que con el paso de los años se transformaría en la actual avenida Hipólito Yrigoyen. Su establecimiento se convirtió rápidamente en un punto de encuentro para viajeros, vecinos y comerciantes que recorrían el sur bonaerense.
Ese mismo edificio también fue escenario de uno de los primeros antecedentes educativos de la región. Allí, el fraile franciscano José Baca impartía clases a los niños de las pocas familias que habitaban el lugar, cuando la educación todavía era una excepción en esta parte de la campaña bonaerense.
Por entonces, el Camino Real era la verdadera columna vertebral del territorio. A sus costados se distribuían algunas postas, pulperías y chacras donde se cultivaban alfalfa y montes de duraznos destinados a abastecer a Buenos Aires. El resto era campo abierto.
Aunque alejada del escenario donde se escribió uno de los capítulos más importantes de la historia argentina, la región tuvo un vínculo directo con el Congreso de Tucumán. Como parte del Partido de Quilmes, sus vecinos participaron en la elección de los representantes que viajarían a declarar la Independencia. Entre ellos figuró León Ortiz de Rosas, padre de Juan Manuel de Rosas y antiguo administrador de la Estancia de Zamora, junto con el párroco González Gorostizu.
Así, mientras en Tucumán nacía oficialmente la Argentina independiente, en las Lomas un pequeño grupo de labradores, soldados y comerciantes seguía con su rutina diaria. El sonido de las carretas sobre el Camino Real, el trabajo en las estancias y el cuidado de la caballada del Estado eran la postal de un territorio que todavía estaba lejos de convertirse en la ciudad pujante que es hoy, pero que ya comenzaba a escribir los primeros capítulos de su historia.

