La temporada de verano en Mar del Plata avanza con señales débiles y un balance que genera preocupación en el sector turístico. La ocupación hotelera estimada para este fin de semana ronda el 65%, un nivel que sigue lejos de los valores esperados para el inicio de enero.
De acuerdo con relevamientos del sector, la cantidad de visitantes no logra traducirse en una mejora real de la actividad económica. El movimiento en la ciudad es dispar y el consumo aparece fuertemente condicionado por la situación económica general, lo que impacta de lleno en comercios, gastronomía y propuestas de entretenimiento.
A este escenario se suma el peso de la inflación acumulada y el estancamiento de los salarios, que continúan deteriorando el poder adquisitivo de amplios sectores. El aumento sostenido de precios en alimentos, transporte y servicios turísticos obliga a los visitantes a ajustar gastos, priorizar lo básico y recortar consumos recreativos, profundizando un comportamiento austero que se repite a lo largo de la temporada.
La demanda muestra una marcada segmentación. Los espacios vinculados a servicios de mayor poder adquisitivo sostienen niveles de actividad elevados, mientras que los rubros asociados al consumo masivo registran un comportamiento mucho más moderado. Esta dinámica genera un escenario desigual que limita el derrame sobre el conjunto de la economía local.
El comercio y el sector teatral, tradicionalmente fuertes durante la temporada estival, exhiben un rendimiento inferior al proyectado al inicio del verano. La cautela en el gasto, las estadías más cortas y la reducción de salidas se repiten como patrones predominantes entre quienes eligieron la ciudad para vacacionar.


