Aunque el consumo de cigarrillos tradicionales disminuyó en las últimas décadas, especialistas del Hospital de Clínicas advierten que otros productos mantienen el riesgo de adicción. En Argentina, el 30% de los adolescentes de entre 14 y 17 años probó alguna vez los vapeadores.
El consumo de nicotina entre adolescentes plantea nuevos desafíos para la prevención. Si bien el uso de cigarrillos tradicionales registra una tendencia descendente, la expansión de los vapeadores y las bolsas de nicotina genera preocupación entre los especialistas por sus efectos sobre la salud y el desarrollo cerebral.
Según un informe del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la prevalencia del consumo de cigarrillos pasó de alrededor del 35% en 2000 al 22,6% en 2018. Sin embargo, esta reducción no implica necesariamente una disminución equivalente de la dependencia a la nicotina.
La aparición de nuevos productos puede sostener o incluso incrementar la cantidad de personas que desarrollan adicción a esta sustancia.
Vapeadores y bolsas de nicotina: los riesgos de los nuevos consumos
De acuerdo con datos del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), el 30% de los adolescentes argentinos de entre 14 y 17 años probó alguna vez un vapeador, mientras que el 20% de ese grupo declaró haberlo utilizado durante el último año.
Aunque estos dispositivos no queman tabaco como los cigarrillos convencionales, no son inocuos. Los especialistas advierten que pueden provocar daños pulmonares y favorecer la dependencia a la nicotina.
Otra modalidad que ganó popularidad es la de las bolsas de nicotina, pequeños sobres que se colocan en la boca y contienen nicotina, saborizantes y otros componentes. Si bien no generan humo ni aerosol, pueden producir efectos cardiovasculares y bucales, además de intoxicaciones cuando se consumen en exceso.
Por qué la nicotina genera más preocupación en adolescentes
La nicotina actúa sobre los circuitos cerebrales relacionados con el placer y la recompensa. Su consumo estimula la liberación de dopamina y, con la exposición repetida, el cerebro se adapta a su presencia. Esto puede generar dependencia y síntomas de abstinencia cuando se interrumpe el consumo.
En los adolescentes, el riesgo adquiere una dimensión particular porque el cerebro continúa desarrollándose hasta aproximadamente los 25 años.
Los especialistas también cuestionan la percepción de que los cigarrillos armados son menos perjudiciales que los industriales. Las etiquetas que los presentan como productos “naturales” o “libres de aditivos” pueden generar una falsa sensación de seguridad, pese a que la combustión del tabaco libera sustancias tóxicas y cancerígenas.
El papel de las familias y las escuelas en la prevención
La prevención debe apoyarse en información confiable, el diálogo y el pensamiento crítico, en lugar de limitarse a las prohibiciones. Involucrar a los adolescentes en la comprensión de los riesgos puede contribuir a fortalecer su capacidad para tomar decisiones informadas.
El desafío, advierten los profesionales, es evitar que la disminución del cigarrillo tradicional quede opacada por la expansión de otras formas de consumo de nicotina, especialmente entre los más jóvenes.

