La caída del consumo y el aumento de los costos ponen en jaque a los comercios del rubro. Carniceros del AMBA aseguran que los clientes compran cada vez menos y advierten sobre las dificultades para sostener la actividad.
Las carnicerías atraviesan un escenario complejo por la fuerte caída de las ventas y el deterioro del poder adquisitivo. Los trabajadores del sector registran una baja del 40% en las ventas respecto del año pasado.
Frente a esta situación, muchos comerciantes optan por resignar aumentos para evitar nuevas caídas en la demanda y conservar a sus clientes. La estrategia, sin embargo, reduce los márgenes de rentabilidad en un contexto marcado por las subas de alquileres, servicios y otros costos de funcionamiento.
El pollo gana terreno frente a la carne vacuna
La pérdida de poder adquisitivo también modifica los hábitos de consumo. Ante el costo de la carne vacuna, cada vez más familias recurren al pollo y al cerdo como alternativas para reducir los gastos de alimentación.
Esta tendencia obliga a las carnicerías tradicionales a ampliar su oferta e incorporar otras proteínas para sostener las ventas y evitar que la mercadería quede sin comercializar.

