A medio siglo de la desaparición del exintendente de Lomas de Zamora, Pedro Pablo Turner, su historia vuelve a cobrar fuerza a través del testimonio de su sobrina Analía, quien reconstruye su legado político, humano y familiar, y reafirma el reclamo de memoria, verdad y justicia.
Turner nació en Chaco en 1940 y para 1956 ya era un ciudadano lomense. Se instaló en Ingeniero Budge donde comenzó su militancia político barrial en el Peronismo de Base. Los vínculos de Turner tenían raíz en la resistencia peronista y con los años desembocó en la Juventud, desde la rama obrera. En los 60, desde su puesto de tipógrafo en la imprenta del Congreso de la Nación, fue delegado gráfico por el gremio de los gráficos. Integró la CGT de los Argentinos desde el nacimiento de esta organización, en 1968.

Para las elecciones de 1973, Turner integró las listas a concejal lomense del FREJULI que impulsaban la candidatura de Héctor Cámpora a la presidencia y del médico cirujano Oscar Bidegain a la gobernación bonaerense. En Lomas de Zamora, el intendente electo fue Ricardo Ortiz y Turner, quien representaba en ese armado a la Juventud peronista, se convirtió en concejal, pero el armado político del Justicialismo ya crujía. A mediados de ese año, Ortiz fue destituido. La jefatura comunal quedó a cargo de Turner, quien un año después correría la misma suerte. En tándem, desde la ortodoxia peronista asomaba un dirigente que escalaría, con las décadas, hasta la presidencia de la Nación: Eduardo Duhalde.
El 16 de mayo de 1974 el Concejo Deliberante votó la suspensión de Turner por noventa días. Finalmente, el intendente fue destituido y en su lugar fue nombrado Duhalde quien, desde allí, no cesó en su construcción de poder que lo llevó a ser vicepresidente de Carlos Menem en los 90 y presidente en 2001.
La historia de Turner tiene un final que excede al conflicto municipal. Días después del 24 de marzo de 1976, regresó a Chaco. Allí lo alcanzaron las garras genocidas, que ya cazaban por todo el territorio nacional. Una patota lo fue a buscar el 19 de abril de ese año. Pasó dos semanas detenido en Chaco. Lo último que se supo de él es que fue trasladado a Buenos Aires.

Su paso por la intendencia, entre 1973 y 1974, dejó una huella profunda en el distrito, con obras de infraestructura, políticas sociales y una fuerte impronta territorial.
“Era un hombre del movimiento obrero, militante sindical, político y barrial que demostró que, con voluntad y convicción, se pueden hacer un montón de cosas”, expresó su sobrina, al recordar su figura. Y agregó: “No había una disociación entre cómo era en la vida pública y en la vida privada”.
Aunque no llegó a conocerlo personalmente, su relato se construye a partir de las memorias familiares. “La personalidad de Pablo, según sus hijos, siempre fue de mucho amor y cariño hacia su familia. Lo recuerdan como un padre muy amoroso, muy calmo, muy compasivo”, señaló.
El compromiso político atravesaba cada aspecto de su vida. “Como toda su generación, era un militante de 24 horas”, explicó, y destacó que su casa en el barrio funcionaba como un espacio abierto para vecinos y compañeros: “Siempre estaba dispuesto para la gente, para quien necesitara una mano, incluso desde su imprenta”.

El impacto de su desaparición marcó profundamente a la familia. “Después de toda la lucha que había llevado a cabo mi padre durante décadas, estás obligado a ver cómo desaparece tu padre y a tan temprana edad obligado a no pensar en él”, recordó a través de un texto de uno de sus hijos, que refleja las consecuencias de la represión sobre las infancias.
El exilio fue otra de las heridas que dejó el terrorismo de Estado. “No tengo recuerdos de mi infancia en Argentina. Aprendí a leer y escribir en distintos idiomas, en distintos países, viendo a muchos argentinos en un lugar que no era el nuestro”, contó.
A pesar del paso del tiempo, la causa judicial sigue en curso como delito de lesa humanidad. “Estamos trabajando hace años para que se llame a indagatoria a los responsables”, afirmó, y remarcó que Turner “es uno de los tres intendentes desaparecidos en todo el país”.
En ese sentido, destacó la importancia de las acciones de memoria que se sostienen desde distintos espacios. “Siempre existió una memoria popular que se resiste a ser olvidada”, subrayó, en referencia a homenajes, actividades y el reciente impulso institucional para reconocer su figura.

Para las nuevas generaciones, su sobrina sintetiza un mensaje claro: “Era un hombre de la clase trabajadora que entendía la política como una herramienta de transformación para el bienestar del pueblo. Demostró que se podía gestionar sin corrupción y con compromiso”.
Finalmente, dejó una reflexión que atraviesa generaciones: “No queremos vernos como víctimas, sino como sobrevivientes. Tenemos la convicción de que no nos han vencido”.

