viernes 19 junio, 2026

El consumo de carne vacuna toca mínimos históricos y refleja el deterioro del poder adquisitivo

La carne vacuna, uno de los alimentos más representativos de la mesa argentina, atraviesa uno de sus peores momentos en términos de consumo. Según datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo por habitante cayó a 47,5 kilos anuales en mayo, el nivel más bajo de los últimos veinte años.

La cifra representa una caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona respecto al mismo mes de 2025. Para la entidad, la principal explicación está en la pérdida del poder adquisitivo de los hogares, que cada vez encuentran más dificultades para sostener la compra de carne vacuna pese a cierta estabilidad reciente en los precios.

En los primeros cinco meses de 2026, el consumo doméstico acumuló una baja del 11,1% en comparación con el mismo período del año anterior. En términos de volumen, esto significó una reducción de más de 106 mil toneladas destinadas al mercado interno.

El dato resulta especialmente preocupante porque se produce incluso en un contexto donde algunos cortes registraron bajas de precio. Durante mayo, el asado mostró una reducción mensual del 1,6%, con un valor promedio de $17.237 por kilo. También retrocedieron los precios del cuadril, la nalga, la carne picada común y la paleta.

Sin embargo, estas disminuciones no fueron suficientes para revertir la tendencia. La demanda sigue debilitada y evidencia las dificultades de muchas familias para incorporar carne vacuna de manera habitual en su alimentación.

La crisis también impacta en la producción. Entre enero y mayo se produjeron 1,168 millones de toneladas res con hueso, un 7,3% menos que en igual período de 2025. A su vez, la faena vacuna alcanzó los 4,94 millones de cabezas, con una caída del 9,8% interanual y el nivel más bajo de actividad para el sector en la última década.

Desde CICCRA señalaron que la industria frigorífica continúa operando con un nivel de actividad extremadamente bajo debido a la menor disponibilidad de hacienda, consecuencia de varios años marcados por sequías y eventos climáticos adversos que afectaron la producción ganadera.

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