La ciudad de Aguilares en Tucumán vive con incertidumbre el presente de su principal fuente de trabajo. La planta de Topper, única fábrica de la marca deportiva en Argentina y sostén de casi mil familias, enfrenta una crisis que amenaza con apagar sus máquinas de manera definitiva. La caída en la producción, los despidos acumulados y la falta de insumos pusieron en alerta a trabajadores y dirigentes sindicales, que ya advierten sobre un posible cierre y la consecuente desaparición de la histórica firma del mercado local.
El panorama, que se viene gestando en los últimos dos años, encendió las alarmas entre los trabajadores y dirigentes sindicales, quienes advierten que un eventual cierre de la planta no solo dejaría a cientos de personas en la calle, sino que significaría la desaparición efectiva de la firma del mercado local. La fábrica tucumana es el último bastión productivo de Topper en el país y su paralización sería el fin de una historia ligada al deporte nacional.
La crisis tiene múltiples aristas, pero todas convergen en la misma ecuación: menos ventas, más importaciones y producción detenida. Según denunciaron representantes de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA), en los últimos dos años la empresa ya desvinculó a cerca de 150 empleados. Para evitar que la cifra de despidos siguiera en aumento, la compañía y el gremio acordaron una salida temporal: reducir la jornada laboral.
El acuerdo implicó la suspensión de los turnos del viernes por la tarde y los sábados, una medida que logró preservar las fuentes de trabajo pero a costa de un recorte significativo en los ingresos. Delegados sindicales de la planta estimaron que la disminución de horas trabajadas representa una pérdida de entre 150 mil y 200 mil pesos por quincena para los operarios, muchos de los cuales perciben salarios mensuales que rondan los 700 mil pesos.
A este escenario se suma un problema operativo que profundiza la incertidumbre: la falta de insumos. Según indicaron los delegados gremiales, el actual programa productivo no permite sostener la actividad durante toda la semana. La planta, donde se fabrican zapatillas e indumentaria deportiva, apenas logra mantenerse en funcionamiento de lunes a jueves, generando dudas sobre su capacidad para recuperarse.
Desde la empresa, las explicaciones apuntan al contexto macroeconómico. Fuentes de la firma señalaron que el deterioro sostenido es consecuencia directa de la caída del consumo interno. La posibilidad de que Topper desaparezca de las góndolas argentinas ya no es una hipótesis lejana, sino un riesgo concreto que se debate día a día entre la falta de insumos y la esperanza de un repunte.

