El mercado laboral argentino atraviesa una transformación profunda. Según datos oficiales del Indec, los trabajadores informales y los cuentapropistas ya superan en número a los empleados registrados, una tendencia que se consolidó desde la asunción de Javier Milei a la presidencia y que expone un escenario de creciente precarización.
De acuerdo con el informe “Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra”, al tercer trimestre de 2025 el país contaba con 22.668.000 personas ocupadas. De ese total, 11.063.000 tenían empleo registrado, mientras que 5.669.000 trabajaban sin estar en blanco y 5.936.000 lo hacían por cuenta propia.
La suma de trabajadores no formales alcanza así los 11.605.000, superando en 542.000 personas al empleo formal. El dato marca un punto de inflexión en la estructura del trabajo en Argentina y confirma una tendencia que se viene profundizando en los últimos trimestres.
Una tendencia en ascenso
La relación entre empleo formal e informal ya mostraba señales de deterioro durante 2024. En el segundo trimestre de ese año, los asalariados en negro y los cuentapropistas superaban a los registrados por 178.000 personas. El pico se alcanzó en el cuarto trimestre de 2024, cuando la diferencia llegó a 976.000, para luego moderarse parcialmente en 2025 y volver a ampliarse hacia fines del año.
Los datos reflejan un mercado laboral cada vez más fragmentado, con menor peso del empleo protegido y mayores niveles de inestabilidad, especialmente en un contexto de ajuste económico y caída de la actividad.
El impacto en los jóvenes
La informalidad golpea con especial fuerza a los trabajadores jóvenes. Un informe reciente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) advierte que siete de cada diez jóvenes ocupados se desempeñan en condiciones informales. En términos generales, la precarización alcanza al 43% del total de los trabajadores, un fenómeno que, según el estudio, se vincula directamente con una mayor exposición a la pobreza y la vulnerabilidad social.
En este escenario, los especialistas alertan sobre las consecuencias a mediano y largo plazo: menor cobertura previsional, ingresos más inestables y dificultades para sostener el consumo y el crecimiento económico. Mientras tanto, el debate sobre el futuro del empleo y las políticas laborales vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública.

