lunes 16 marzo, 2026

Un nudo ferroviario que hizo ciudad: la historia de la estación Temperley

La historia de Lomas de Zamora está profundamente ligada al ferrocarril. Desde fines del siglo XIX, las estaciones no solo conectaron territorios, sino que dieron origen a barrios, comercios y espacios de encuentro. En ese entramado, la estación de Temperley se convirtió en una pieza clave del desarrollo urbano y social del sur del conurbano bonaerense.

La parada ferroviaria fue inaugurada el 1 de enero de 1871, cuando aún se trataba de una construcción sencilla ubicada a la altura de la actual calle General Paz. Por entonces, el movimiento era escaso y el edificio distaba mucho de la centralidad que adquiriría con el paso de los años. Una anécdota de época da cuenta de esa modestia: cuando Carmen Nóbrega de Avellaneda, esposa del presidente Nicolás Avellaneda, se acercaba a tomar el tren, el jefe de estación Juan Pereuilh le alcanzaba una silla para que esperara con mayor comodidad en el andén.

Con el crecimiento del tránsito ferroviario y del poblado, la estación comenzó a quedar chica. En 1884, fue trasladada al lugar que ocupa actualmente, en terrenos donados por Jorge Temperley. El cambio coincidió con la incorporación de una nueva vía y con la consolidación del empalme como un punto estratégico dentro del sistema del Ferrocarril del Sud, fundamental para la conexión entre Buenos Aires y La Plata.

El ferrocarril como motor del crecimiento

El impulso ferroviario no se detuvo. El 1 de agosto de 1886, el Ferrocarril del Oeste habilitó la línea que unía Mármol con Haedo, cruzando las vías del Ferrocarril del Sud en Temperley, lo que reforzó aún más su importancia como nodo de circulación.

El aumento del flujo de trenes obligó a pensar nuevas soluciones para el cruce peatonal. Primero se construyó un túnel revestido en azulejos blancos, que permitió atravesar las vías durante varios años. Esa obra fue clausurada en 1924, cuando se inauguraron los dos puentes peatonales que todavía hoy organizan el movimiento: los ubicados a la altura de Avellaneda–14 de Julio y 25 de Mayo–Cangallo.

En paralelo, en 1888, se habilitaron accesos para vehículos de tracción a sangre. Para ello se trazó una calle que atravesaba la antigua Quinta de Avellaneda, utilizada como residencia de descanso presidencial, y que con el tiempo se transformó en la actual calle Avellaneda. Frente a la estación también se desarrolló una amplia playa de cargas, reflejo del impacto económico que ya tenía el ferrocarril en la zona.

Un corazón ferroviario que sigue latiendo

Hacia la década del 30, Temperley ya se había consolidado como el principal nudo ferroviario del Ferrocarril del Sud. Las vías se cuadruplicaron, el complejo llegó a contar con diez ramales y los andenes fueron elevados para ordenar la circulación, que quedó definitivamente estructurada con los puentes peatonales.

Este recorrido por la historia de la estación permite entender por qué Temperley creció alrededor de sus vías y cómo el ferrocarril moldeó la vida cotidiana, la economía y la identidad del distrito. A más de un siglo de su inauguración, la estación sigue siendo un símbolo del desarrollo lomense y una huella viva del pasado que aún marca el pulso de la ciudad.

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