Cada 14 de febrero, millones de personas celebran el Día de los Enamorados, una fecha asociada al amor romántico que tiene su raíz en la figura de San Valentín, un santo del que se conocen más leyendas que certezas históricas. Para la tradición católica, detrás de la efeméride habría dos mártires con el mismo nombre, ambos ejecutados durante el Imperio romano y venerados en la misma fecha.
De acuerdo con el martirologio católico, una de las versiones identifica a Valentín como sacerdote en Roma durante el reinado del emperador Claudio II el Gótico. Los relatos señalan que el religioso se destacó por su fe y por la realización de milagros, lo que despertó la atención del emperador, quien intentó que abandonara el cristianismo. La tradición sostiene que uno de los hombres de confianza de Claudio, llamado Asterius, terminó convirtiéndose tras presenciar la curación milagrosa de su hija ciega. Este hecho habría sellado el destino de Valentín, que fue decapitado el 14 de febrero en la Vía Flaminia, cerca de Roma.
Otra versión ubica a San Valentín como obispo de Terni, en la actual Italia, ya entrado el siglo IV. Según relatos difundidos por fuentes vaticanas, se lo recuerda por sanar enfermos y convertir familias enteras al cristianismo. Al igual que el sacerdote romano, este Valentín también habría sido ejecutado en la Vía Flaminia, lo que alimenta la hipótesis de que ambas historias refieran, en realidad, a una misma figura venerada en distintos lugares.
Más allá de las diferencias entre los relatos, la tradición popular terminó consolidando a San Valentín como el patrono de los enamorados. El origen de esta asociación no proviene directamente de los textos religiosos, sino de la cultura medieval. Escritos atribuidos al poeta inglés Geoffrey Chaucer mencionan que a mediados de febrero las aves comienzan a aparearse, un símbolo que vinculó la fecha con el amor y la fertilidad, en coincidencia con el inicio de la primavera en el hemisferio norte.
A estas versiones se suma una de las leyendas más difundidas: la que sostiene que el emperador Claudio II habría prohibido los matrimonios para asegurar soldados para la guerra, y que Valentín, desafiando el decreto, casaba a las parejas en secreto. Este gesto habría reforzado su imagen como protector del amor y las uniones.
Finalmente, en el año 496, el papa Gelasio I estableció oficialmente el 14 de febrero como día de conmemoración de San Valentín, coincidiendo con la fecha de su martirio. Con el paso de los siglos, la celebración religiosa se transformó en una festividad popular global, que hoy combina tradición, simbolismo y mercado, pero que conserva en su origen la figura de un mártir cristiano asociado al amor y la fidelidad.

