Nacido en los pueblos originarios de los Andes y transformado con la llegada de los españoles, el locro se consolidó como uno de los grandes símbolos culinarios de la identidad argentina y protagonista indiscutido de cada 25 de Mayo.
Locro es mucho más que un plato típico: representa una parte profunda de la historia cultural y social de la Argentina. Su origen se remonta a las comunidades andinas preincaicas, donde ya se preparaban guisos a base de maíz, zapallo, porotos y papas cultivados en la región de la Puna. El nombre proviene del quechua “ruqru” o “luqru”, términos utilizados para describir preparaciones espesas elaboradas con vegetales y ajíes.
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, aquella receta ancestral comenzó a transformarse. Los colonizadores incorporaron ingredientes traídos desde Europa, como carnes vacuna y porcina, embutidos, especias y nuevas técnicas culinarias. Así nació una versión más contundente y calórica, muy distinta al guiso original de los pueblos originarios, pero profundamente ligada al mestizaje cultural que marcó la historia del continente.
La historiadora Graciela Audero explicó que la cocina criolla surgió justamente de ese cruce entre la tradición indígena y la española de fines de la Edad Media. A los productos americanos se sumaron trigo, arroz, cebolla, ajo, ganado bovino y especias europeas, dando forma a una gastronomía nueva que terminó convirtiéndose en parte de la identidad nacional.
Durante el siglo XIX, el locro se popularizó entre los sectores populares y las tropas patriotas por tratarse de una comida rendidora, económica y nutritiva. En plena Argentine War of Independence, el plato se volvió habitual entre soldados y pobladores, lo que fortaleció su vínculo con las fechas patrias y con la construcción simbólica de la nación argentina.
Con el paso del tiempo, el locro dejó de ser sólo un alimento para convertirse en un ritual colectivo. Cada May Revolution Day o 9 de Julio, miles de familias, clubes, centros culturales e instituciones vuelven a reunirse alrededor de una olla humeante que mezcla historia, tradición y memoria popular.

