Ubicado en el corazón de Llavallol, el antiguo Cementerio de Disidentes —hoy conocido como Bosques de Santa Catalina— es mucho más que un espacio de descanso eterno. Inaugurado en 1898 para dar respuesta a las necesidades religiosas de las comunidades británicas asentadas en el sur bonaerense, el predio conserva parte fundamental de la historia de Lomas de Zamora, Temperley y Llavallol. Entre sus tumbas descansan dirigentes deportivos, empresarios, ferroviarios, productores rurales y familias que participaron activamente de la construcción de la identidad local.
Una de las figuras más importantes enterradas allí es Thomas Dodds, considerado un pionero del deporte argentino. Fue fundador y primer presidente del Lomas Athletic Club, institución nacida en 1891 que se transformó en una verdadera potencia deportiva de finales del siglo XIX. Desde sus canchas surgieron algunos de los primeros campeonatos oficiales del fútbol argentino, mientras que el club también fue protagonista en la difusión del rugby, el cricket, el tenis y el hockey. La influencia de Dodds trascendió el ámbito deportivo y quedó ligada para siempre al desarrollo social de la región.
Otro apellido inseparable de la historia local es Bell. Los integrantes de esta familia escocesa llegaron al país como parte de la colonia agrícola de Santa Catalina, impulsada en la década de 1820. Fueron productores rurales, estancieros y promotores de innovaciones agropecuarias que contribuyeron al crecimiento económico de la provincia de Buenos Aires. Su presencia fue tan significativa que décadas más tarde uno de sus descendientes, George Bell, daría origen a la localidad platense de City Bell. Además, los Bell tuvieron propiedades en Temperley, San Vicente y Chascomús, convirtiéndose en una de las familias más influyentes de la región.
Entre las personalidades destacadas también aparece Francis Hepburn Chevallier Boutell, una figura clave en la organización institucional del fútbol argentino. Presidió la Argentine Association Football League, entidad antecesora de la actual AFA, entre 1900 y 1906. Su nombre quedó inmortalizado en la Copa Chevallier Boutell, uno de los primeros torneos internacionales del Río de la Plata, que enfrentaba a clubes de Buenos Aires, Rosario y Montevideo cuando el fútbol apenas comenzaba a convertirse en una pasión popular.
Sin embargo, la historia del cementerio no está compuesta solamente por personajes célebres. Los registros muestran que sus primeros ocupantes fueron vecinos comunes que reflejan la vida cotidiana de la zona a fines del siglo XIX. El primer entierro correspondió a James Gerry, un estanciero inglés de 72 años sepultado el 7 de noviembre de 1898. Días después fue enterrado Carlos Martin, también productor agropecuario. Ambos representan una época en la que Lomas de Zamora todavía conservaba una fuerte impronta rural y ganadera.
La nómina inicial también incluye a John Underwood, integrante de la comunidad británica radicada en la zona; a Maria Noble Marshall, una viuda argentina de 66 años; y a las pequeñas Frida y Eleanor Hoffmann, fallecidas con apenas 2 y 4 meses de vida. Sus nombres constituyen un retrato de la diversidad cultural que caracterizó a la región desde sus orígenes y también reflejan las condiciones sanitarias de una época en la que la mortalidad infantil era una realidad frecuente.
La existencia misma del cementerio está ligada a la expansión de las colectividades inglesa, escocesa e irlandesa que llegaron al sur del conurbano impulsadas por el desarrollo del Ferrocarril Sud. Muchos de sus directivos, ingenieros y técnicos eligieron radicarse en Temperley, Banfield, Santa Catalina, Llavallol y Lomas de Zamora, donde construyeron iglesias, escuelas, clubes y hospitales. El cementerio nació justamente para brindar un lugar de sepultura acorde a los ritos anglicanos y presbiterianos, en momentos en que los cementerios públicos estaban reservados principalmente para la población católica.
Más de 125 años después, los Bosques de Santa Catalina – hoy Reserva Municipal – sigue siendo uno de los sitios históricos más importantes de Lomas de Zamora. Entre árboles centenarios y placas que recuerdan a familias británicas, alemanas, francesas, irlandesas, árabes, judías y argentinas, el predio funciona como un verdadero museo al aire libre donde puede reconstruirse la historia de quienes ayudaron a transformar una región rural en una de las zonas más dinámicas del conurbano bonaerense.

