Daniela vivió toda su infancia y adolescencia recorriendo las calles Banfield. Mientras cursaba la escuela secundaria, un profesor de biología despertó su curiosidad por el conocimiento científico. Al terminar esa etapa, comenzó la carrera de Medicina, pero pronto comprendió que su verdadera vocación no estaba en la atención clínica sino en la investigación científica. Ese descubrimiento la llevó a cambiar la UBA por la Universidad Nacional de Quilmes, donde estudió Biotecnología y se graduó en 2010.
Apenas se recibió, inició su doctorado en Ciencia y Tecnología en el Laboratorio de Genética del Desarrollo Neural, dando los primeros pasos de una trayectoria que no dejaría de crecer. También realizó un posdoctorado en la Universidad de Harvard, en el departamento de Células Madre y Biología Regenerativa, donde desarrolló una labor destacada. Contaba con todas las condiciones para continuar su carrera en el exterior. Sin embargo, tomó una decisión clave: volver al país.
Hoy, ocho años después de aquel viaje, Daniela regresa a la Fundación Instituto Leloir para dirigir su propio espacio de investigación, el Laboratorio de Identidad y Desarrollo Neuronal, reafirmando su compromiso con la ciencia pública y con la construcción de conocimiento desde y para la comunidad.
En el marco del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, que se conmemora cada 11 de febrero, esta entrevista pone en primer plano una historia que nace en el sur del conurbano bonaerense y hoy dialoga con los principales espacios de la investigación del mundo. Como trabajadora de la ciencia, Daniela Di Bella es parte de una generación de mujeres que amplían fronteras y se convierten en referentes para niñas y jóvenes que imaginan su futuro en diversos campos del conocimiento.
-Tu historia personal comienza en Banfield y te lleva a laboratorios de primer nivel mundial. ¿En qué momento descubriste que querías dedicarte a la investigación científica?
-Cuando estaba en el secundario, tuve un profesor de biología fantástico que hizo que me interesara mucho cómo funcionaba el cuerpo humano y cómo es que percibimos el mundo exterior a través de los sentidos. Eso despertó que quisiera entender cómo es que todo eso se estudiaba y cómo eso funciona. Empecé medicina y en ese proceso entre el CBC y el primer año de medicina, me di cuenta de que en realidad no me interesaba mucho trabajar con pacientes y que lo que yo quería hacer era investigar. Ahí fue cuando me cambié a de Biotecnología y empecé a explorar posibilidades para hacer investigación.

–Iniciaste la carrera de Medicina y luego cambiaste a Biotecnología. ¿Qué aprendizajes te dejó esa decisión y qué mensaje creés que puede darles a las jóvenes que hoy están eligiendo su futuro?
–En el momento a mí me pareció una decisión extremadamente difícil, que estaba haciendo algo terrible y que estaba desperdiciando años y esfuerzo. Ahora con el tiempo, de lo que me di cuenta es que no pasa nada. Que ese “tiempo perdido” no es tal, porque en realidad todo lo que uno pasa estudiando y perfeccionándose, en definitiva, sirve y eso redunda en facilidades y en conocimiento, en cosas que uno puede aplicar después. A la gente joven que está tratando de tomar una decisión sobre qué hacer y que quizás se arrepienten de haber empezado una carrera y quieren cambiar, pero que les da miedo, yo les diría que no hay ningún problema, no hay una pérdida real de algo. Es una carrera que uno está haciendo contra uno mismo y no es real.

-Después de ocho años de investigación en la Universidad de Harvard, decidiste regresar a la Argentina. ¿Qué pesó más en esa elección: lo profesional, lo personal o el compromiso con el país?
-La decisión de volver es una decisión que estuvo presente desde antes de irme, siempre supe que yo quería volver a hacer ciencia en Argentina, y mi decisión, como la de cualquier otra persona que vuelve, creo que tiene un poco de la combinación de las tres cosas. En mi caso, yo pienso que nadie hace ciencia sin sentir un poco compromiso con su país y con las universidades públicas que nos formaron. En lo profesional, yo realmente quiero hacer ciencia acá, me parece que hay algo muy enriquecedor en la forma en la que se trabaja acá y de la forma en la que uno contribuye a la ciencia local y a la formación de recursos humanos. Me parece que es muy especial como es acá con respecto a otros lugares. En lo personal, estar cerca de la familia y los amigos. Estar lejos es difícil y volver es algo que queríamos hacer y que pudimos hacer, por suerte.

-¿En qué consiste el trabajo que va a desarrollar el Laboratorio de Identidad y Desarrollo Neuronal que vas a dirigir?
–En el laboratorio que estoy armando y que dirijo, vamos a estudiar cómo se forma el cerebro durante el desarrollo embrionario. Un hecho quizás relativamente poco conocido del cerebro de los humanos, pero también de todos los mamíferos, es que está formado por muchas neuronas diferentes que tienen funciones distintas, formas distintas y características específicas.
-¿Por qué es clave estudiar ese proceso para comprender enfermedades del sistema nervioso?
-Es importante entender cómo es que todas las neuronas distintas se forman de manera adecuada y en el tiempo y el lugar correcto porque el hecho de que estén, el hecho de que eso ocurra, es fundamental para que el cerebro pueda funcionar y pueda cumplir todas las funciones que que son importantes para la vida; incluyendo comunicación, la capacidad de racionalizar, control de movimientos finos y un montón de otras cosas. Este proceso de desarrollo de estas neuronas es un proceso que está alterado en distintos trastornos, incluyendo trastornos del neurodesarrollo, como el trastorno espectro autista o de déficit de hiperactividad o déficit de atención, deficiencias intelectuales, algunos tipos de epilepsias y demás.
-Muchas de las enfermedades que estudiás están vinculadas a trastornos del neurodesarrollo y la salud mental. ¿Cómo imaginás que estos avances científicos pueden impactar en la sociedad a largo plazo?
-Entender el proceso nos ayuda a entender cómo esto ocurre en condiciones normales, nos ayuda a entender qué es lo que está pasando en estas distintas enfermedades o trastornos. Un poco más específicamente, lo que yo quiero estudiar, es cómo es la interacción entre distintas neuronas y entre una neurona y su entorno, el espacio que ocupa, “su nicho”, influye sobre este proceso de adquisición de de identidades o de de especificación o diferenciación de neuronas. Es un proceso que está bastante poco estudiado y hay muchas cosas para aprender. Lo otro que es interesante de este tema es que genes involucrados en estos procesos han sido identificados como factores de riesgo para algunos trastornos, como por ejemplo, autismo. Entonces, entender este proceso, como dije antes, nos puede ayudar a entender qué es lo que está pasando en estas condiciones.


