La historia de la familia Barón Biza ocupa un lugar perturbador en la memoria cultural argentina. Cruza poder económico, provocación intelectual, violencia extrema y una cadena de muertes que terminó transformándose en una de las novelas más impactantes del siglo XX. El apellido, asociado al escándalo y al exceso, también quedó inscripto en la geografía de Lomas de Zamora, donde nombra a un barrio y a un parque, sumando una capa más de complejidad a su legado.
Raúl Barón Biza nació en 1899 en el seno de una familia terrateniente y llevó hasta el límite todas las posibilidades de su herencia. Fue dandy, latifundista, militante político errático y escritor maldito. Publicó libros que desafiaron de frente a la moral de su tiempo, como El derecho de matar, perseguidos por la censura y celebrados —mucho después— por su audacia estética. Su figura osciló entre el radicalismo yrigoyenista, el enfrentamiento con los gobiernos conservadores y una vida marcada por el escándalo público.
Su biografía íntima fue aún más extrema. Su primera esposa, Myriam Stefford, actriz suiza convertida en aviadora, murió en 1931 al estrellarse el avión que piloteaba en San Juan. Barón Biza mandó a construir en su honor El Ala, un monumental mausoleo de 82 metros de altura a la vera de la ruta entre Alta Gracia y Córdoba, donde depositó sus restos.

Poco después conoció a Clotilde “Coty” Sabattini, hija del dirigente radical Amadeo Sabattini. Ella tenía 16 años cuando se casaron en 1936; él, casi 36. Tuvieron tres hijos: Carlos, Jorge y María Cristina.
Durante casi tres décadas, la relación estuvo atravesada por separaciones, reconciliaciones y conflictos públicos. El desenlace fue brutal: en un departamento de la calle Esmeralda, en la Ciudad de Buenos Aires, y en presencia de abogados de ambas partes, Barón Biza arrojó ácido sulfúrico al rostro de Clotilde Sabattini durante una reunión por su divorcio. Horas después fue hallado muerto de un disparo en la sien. Ella sobrevivió, pero quedó gravemente desfigurada, con secuelas físicas y psíquicas irreversibles.
Ese episodio no solo fue un escándalo policial y social: se convirtió en el núcleo de una obra literaria fundamental. Jorge Barón Biza, uno de los hijos del matrimonio, transformó la experiencia en El desierto y su semilla, novela publicada en 1998 luego de ser ignorada por grandes editoriales y presentada sin éxito a premios literarios. Editada de manera independiente, la obra fue reconocida más tarde como un clásico de culto por su potencia estética y su radicalidad narrativa.
Lejos de ser un testimonio confesional, la novela construye una ficción compleja a partir de hechos reales. En ella, el cuerpo devastado de la madre convive con reflexiones sobre la identidad, la herencia, la violencia política y el país, en un contrapunto sutil con otros fantasmas de la historia argentina. La escritura operó para su autor como un intento de exorcismo frente a una figura paterna omnipresente y devastadora.
La tragedia familiar continuó. Tras años de cirugías reconstructivas y tratamientos en Europa, Clotilde Sabattini se quitó la vida arrojándose desde el balcón del mismo departamento donde había sido atacada. Años después, María Cristina, una de las hijas, murió por una sobredosis de barbitúricos. Finalmente, Jorge Barón Biza también se suicidó, cerrando una secuencia marcada por la depresión, el alcoholismo y una sensación persistente de destino trágico.
Más allá del horror, el apellido Barón Biza también dejó una marca urbana. Una importante propiedad vinculada a su figura dio origen al actual Parque Barón y a la localidad homónima de Lomas de Zamora. El predio, adquirido por el Municipio en 1925 e inaugurado como parque público en 1938, se convirtió con el tiempo en un espacio central para la vida social y recreativa del distrito.

