Desde el viejo Camino de la Diligencia hasta convertirse en una arteria central del distrito, la Avenida Alsina condensó siglos de historia, encuentros y transformaciones que explican el crecimiento de Lomas de Zamora mucho antes del tren y del asfalto.
Mucho antes de que el ferrocarril ordenara el territorio y marcara un antes y un después en el sur bonaerense, la actual Avenida Alsina ya cumplía un rol decisivo. Bajo el nombre de Camino de la Diligencia o Camino de las Carretas, esta traza de tierra fue durante décadas la vía por donde circularon carretas, mensajerías y viajeros que conectaban Buenos Aires con Chascomús y otros destinos del sur, en una época en la que el viaje era lento y la espera formaba parte del paisaje.
Conviene aclararlo desde el inicio: el histórico Camino Real no fue la actual Alsina, sino la traza que hoy reconocemos como Avenida Hipólito Yrigoyen. Desde allí, el viaje hacia el sur se internaba en la pampa abierta a la altura del actual puente carretero de Remedios de Escalada, dando origen al llamado Camino de las Carretas, un sendero largo, áspero y desolado que con el tiempo se convertiría en la Avenida Alsina y conduciría hasta Chascomús.
Ese camino no era solo una huella en la tierra: era la frontera entre lo conocido y lo incierto. Durante leguas enteras, la pampa se extendía sin señales claras de civilización. Recién al llegar a Lomas de Zamora aparecía el primer signo estable de descanso y resguardo: la primera posta. Allí donde hoy tiene su cabecera la Línea 266, frente a la estación de trenes, se detenían carretas, mensajerías y viajeros para reponer fuerzas y continuar viaje.
En ese recorrido polvoriento se destacaba la Posta de Lario, también conocida como Posta de la Botija, ubicada entre Balcarce y Fonrouge. Allí se detenían las diligencias para cambiar caballos, comer algo caliente y dejar correr el tiempo entre guitarreadas y juegos de taba. No era solo un punto logístico: era un espacio de sociabilidad, de relatos compartidos y de noticias que viajaban a la velocidad de la palabra.
Con el avance del siglo XX, la avenida empezó a cambiar su fisonomía. En Banfield, a la altura de Maipú, supo lucir un boulevard de palmeras que le daba un aire casi ceremonial al paseo. Ese paisaje desapareció cuando el crecimiento del tránsito impuso el ensanche y la repavimentación. La modernidad avanzó, como tantas veces, llevándose parte de la postal original en nombre de la circulación y la velocidad.
A lo largo de sus cuadras se fueron asentando instituciones que marcaron la vida social del distrito. Clubes como el Social Árabe o el Buchardo, cervecerías y comercios de cercanía hicieron de Alsina un eje de pertenencia cotidiana. No fue solo una calle: fue un punto de referencia para orientarse, encontrarse y reconocerse como comunidad.
Así, la Avenida Alsina quedó inscripta como una suerte de cicatriz en la trama urbana de Lomas de Zamora. Nació como un camino de postas y carretas, se transformó en paseo arbolado y luego en arteria clave del tránsito moderno. Perdió palmeras, ganó asfalto, pero conservó algo esencial: la memoria viva de una ciudad que creció a su lado y todavía se reconoce en ella.


