Las pequeñas y medianas industrias atraviesan uno de los momentos más complejos de los últimos años. Según un informe de la Fundación Observatorio PyME, la producción del sector cayó un 9,2% interanual durante el primer trimestre de 2026, mientras que la retracción de las ventas ya afecta al 83% de las empresas.
El relevamiento muestra un escenario marcado por la caída de la demanda interna, el avance de las importaciones, dificultades para sostener el empleo y crecientes problemas en la cadena de pagos.
Además de la fuerte baja interanual, la actividad manufacturera también registró una contracción del 1,7% respecto del trimestre anterior, reflejando que la recuperación económica todavía no llega a gran parte del entramado productivo nacional.
Uno de los datos más preocupantes es el deterioro del mercado laboral. La cantidad de trabajadores empleados por las pymes industriales cayó un 5% en comparación con el mismo período del año pasado y acumula más de tres años consecutivos de retrocesos. El informe advierte que el proceso de ajuste se profundiza luego de un 2025 en el que muchas empresas ya habían reducido personal para afrontar la caída de la actividad.
La preocupación por la competencia de productos importados también creció con fuerza. Actualmente, el 46% de las pymes industriales considera que las importaciones representan una amenaza para su negocio, cuando un año atrás ese porcentaje era del 25%.
Los sectores más expuestos son los vinculados a textiles, autopartes, metalmecánica, caucho y plástico, rubros que enfrentan cada vez mayores dificultades para competir frente al ingreso de productos extranjeros, especialmente provenientes de China.
En paralelo, la caída de la facturación continúa golpeando a las empresas. El 57% de las firmas registró una reducción de sus ingresos durante el primer trimestre, principalmente por el derrumbe de las ventas en el mercado interno, que afectó al 61% de los encuestados.
La disminución de las ventas se consolidó como la principal problemática para las pymes, alcanzando un récord histórico y afectando a más de ocho de cada diez empresas. A esto se suma el incremento de los costos de producción y el aumento de los retrasos en los pagos de clientes, una situación que complica aún más la estabilidad financiera del sector.
Otro factor que limita las posibilidades de recuperación es el escaso acceso al financiamiento. Apenas el 18% de las empresas accede a créditos bancarios, el nivel más bajo registrado desde 2006. Como consecuencia, la mayoría de las inversiones debe realizarse con recursos propios, lo que reduce la capacidad de modernización y crecimiento.
Frente a este panorama, las pymes reclaman medidas que permitan aliviar la presión fiscal, mejorar las condiciones de financiamiento y proteger la producción nacional frente a la competencia considerada desleal por gran parte del sector.

