Los números oficiales del INDEC confirmaron lo que ya sienten miles de hogares: el costo de vida no deja de crecer y cada mes se vuelve más difícil llegar a fin de mes. En agosto, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.160.780 para no ser considerada pobre, según la Canasta Básica Total (CBT).
El dato refleja un aumento del 1% respecto de julio y del 23,5% interanual, lo que marca que incluso los gastos mínimos esenciales siguen muy por encima de los ingresos de gran parte de los trabajadores. La Canasta Básica Alimentaria (CBA), que marca el límite de la indigencia, se ubicó en $520.529 para una familia tipo, cifra que para muchos hogares equivale a más de un sueldo entero.
La brecha entre salarios y canastas básicas se profundiza mes a mes. Un hogar de tres personas debió destinar $924.116 para cubrir la CBT, mientras que en uno de cinco integrantes la cifra trepó a $1.220.885. Estos valores dejan en claro que el dinero que ingresa en la mayoría de las familias no alcanza para cubrir ni siquiera lo indispensable.
Aunque el Gobierno intentó relativizar el dato señalando que las canastas subieron menos que la inflación de agosto (1,9%), lo cierto es que cada actualización refleja una pérdida de poder adquisitivo cada vez más insostenible. El hecho de que “no haber sido tan alta” se presente como un logro es un golpe directo a la realidad cotidiana de quienes deben elegir entre pagar los servicios, llenar la heladera o comprar medicamentos.
El dato vuelve a mostrar que la pobreza no es solo un número estadístico: es una realidad que golpea cada vez más fuerte y que, lejos de mejorar, se profundiza mes a mes.

