Arranca casi siempre igual: una pelota gastada, una charla que se alarga más de la cuenta, pibes y pibas que llegan con lo puesto y se van un poco más llenos. Berlin no nació para ganar campeonatos —aunque a veces los gane— sino para existir. Para quedarse. Para hacer de Llavallol un lugar apenas más habitable. Hace 15 años, cuando todavía no tenía nombre ni colores ni escudo, ya tenía algo más difícil de conseguir: una idea. Esa idea se llamó Berlin por una intuición futbolera y sentimental, por el eco lejano del Hertha Berlin, aquel club obrero de la capital alemana que supo ser grande en una liga dura, áspera, popular. Y se vistió de lila y blanco por una fidelidad barrial y afectiva al Sacachispas, ese club improbable de Villa Soldati que enseña, desde hace décadas, que el fútbol también puede ser identidad, resistencia y ternura. Entre Berlín y Soldati, entre Llavallol y los márgenes, el Club Berlin fue creciendo así: sin marketing, sin épica declamada, pero con algo mucho más potente —la convicción de que un club puede ser, antes que nada, un refugio.
Una tarde cualquiera en Llavallol alcanza para entender qué es Berlin. Pelotas que van y vienen con, risas que se mezclan con charlas profundas, chicos y chicas que encuentran algo más que un entrenamiento. El Club Berlin cumplió 15 años este 27 de enero y su historia se parece poco a la de un club tradicional: nació del quiebre, creció en la humildad y se consolidó como un espacio de pertenencia. Roy González, uno de sus referentes, cuenta ese camino en primera persona.
—¿Cómo nació el club y a qué se debe el nombre y el color de la camiseta?
—El club nació a partir de una separación de un equipo de liga barrial, la Copa Vascogerma. Ahí jugaban mis dos hermanos mayores y yo los iba a ver desde los 7 años. Con el tiempo empecé a jugar yo también y, ya de adolescente, mi papá decidió dar un paso al costado como DT. Mi hermano Cristian lo siguió y yo también. A partir de ahí armamos un nuevo equipo, buscamos jugadores y fuimos a inscribirnos. En esa liga había que usar nombres alemanes o vascos y nos dieron tres opciones. Uno era impronunciable, otro no me convencía y el tercero fue Berlin: corto, fuerte, con historia. Me hacía acordar al Hertha Berlín, un club que yo miraba de chico. Llamé a mi hermano y me dio el OK.
En cuanto a los colores, fue todo muy rápido. Arrancamos con camisetas suplentes de Ghana del Mundial 2010, bordo y amarillo. Después elegimos lila y blanco, inspirados en Sacachispas, del que somos hinchas. El escudo también tiene esa base. Somos eso: identidad, historia y barrio.
Inicios de Berlin F.C año 2012
—¿Qué cambios notan hoy en la comunidad de Llavallol a partir del trabajo del club?
—Siempre fuimos un equipo humilde, bien de barrio. Lo que más se ve es la integración. Nunca le negamos la entrada a nadie que venga con buenas intenciones. En la escuelita tenemos chicos y chicas con autismo, TDAH, síndrome de Down, retraso madurativo y muchas otras realidades. Yo no creo que todos seamos iguales, creo que todos somos diferentes, y por suerte. Lo que sí tenemos son los mismos derechos. Acá no solo se enseña fútbol: somos amigos, hermanos mayores, escuchamos, acompañamos. Yo trato de hacer lo que digo. Si pido respeto, respeto. Si pido esfuerzo, me esfuerzo. Berlin es un lugar donde se sienten queridos y escuchados, un lugar en el mundo para cada uno.
—En estos 15 años, ¿cuál fue el momento más difícil y cuál el logro que más orgullo les genera?
—Momentos difíciles hubo, como en todos lados, pero también muchos logros. Para mí el mayor logro es ver a un chico o chica con autoestima baja empezar a quererse y valorarse. Que alguien que pasó por muchos clubes decida quedarse en Berlin. Tenemos un alumno que viene desde Avellaneda, teniendo cientos de clubes cerca, y no se quiso ir nunca más. Eso vale más que cualquier campeonato.
Salir campeón con los mayores es hermoso, claro, pero hacer felices a otros seres humanos es lo más lindo. Compartir salidas, charlas, tardes en casa jugando a la play, que confíen en mí… eso me conmueve.
Primer equipo campeón, ya con la camiseta a colores del club y su escudo.
—¿Cuántas personas y familias participan actualmente del club y qué actividades son las más convocantes?
—Hasta diciembre pasado había unas 60 familias involucradas en la escuelita. Además hay muchos vecinos que son hinchas del club. Hoy hacemos fútbol 5 recreativo. Sinceramente creemos que merecemos más asistencia, porque lo que brindamos es mucho más que deporte: es contención, escucha, acompañamiento. He ido a plazas, casas, he recibido chicos en la mía porque necesitaban hablar. Yo escucho y doy mi opinión, siempre aclarando que es eso, una opinión. Ojalá este 2026 podamos llegar a más personas que, sin saberlo, nos están necesitando.
Roy y su hija Malena, hincha y alumna de Berlin F.C. Conoció a la madre cuando ella trabajaba en el buffet de un predio, en el cual Berlin participaba de esa liga, F11 La Reserva. Dijo que tuvo la suerte de al mes de verla por primera vez, ser campeón con el equipo, y nunca más se separamos.

—¿Qué sueños y proyectos se proponen para los próximos años del club?
—El gran sueño es tener un predio propio de Berlin F.C. Hoy alquilamos canchas y ya nos tuvimos que mudar dos veces. Queremos un espacio propio para no depender de alquileres y sumar actividades. Presentamos al Municipio de Lomas de Zamora el “Proyecto Berlin”, con más de 300 firmas, para tener un espacio en Llavallol Norte con canchas, salón y baños. La idea es ser un club social y deportivo inclusivo: fútbol, vóley, básquet en silla de ruedas, goalball, artes marciales, stretching. Un lugar donde todos se sientan cómodos y felices. No puedo comprar un predio, por eso pedimos acompañamiento. Berlin nació del barrio y sigue soñando desde el barrio.

