El 27 de febrero de 1977, el estadio de Boca Juniors, fue el escenario de un hito que marcaría para siempre la historia del fútbol mundial. A 48 años de aquella jornada, el recuerdo del debut de Diego Armando Maradona con la camiseta de la Selección Argentina mayor permanece intacto en la memoria de los aficionados. Con apenas 16 años, el oriundo de Fiorito saltó al césped por primera vez defendiendo los colores celeste y blanco, en un partido amistoso frente al combinado de Hungría.
En aquellos tiempos, el país atravesaba un período de profundas transformaciones sociales bajo el régimen de la última dictadura militar, que ya llevaba once meses en el poder. En ese contexto, el fútbol solía funcionar como una vidriera que desviaba la atención de la realidad cotidiana. Sin embargo, para el mundo del deporte, la tarde del 27 de febrero fue testigo de un acontecimiento puramente futbolístico: la presentación de un joven que apenas cuatro meses antes había debutado en la Primera División con Argentinos Juniors y que ya se perfilaba como una promesa superadora.

El encuentro, que finalizó con una contundente victoria de la Selección Nacional por 5 a 1, tuvo como figuras de la tarde a Daniel Bertoni, autor de tres goles, y a Leopoldo Jacinto Luque, quien marcó los dos tantos restantes. Bajo la dirección técnica de César Luis Menotti, quien ya se encontraba en plena preparación del plantel que disputaría el Mundial de 1978, el seleccionado formó inicialmente con Hugo Orlando Gatti en el arco; Jorge Carrascosa, Jorge Olguín, Daniel Killer y Alberto Tarantini en la defensa; Osvaldo Ardiles, Américo Gallego y Rubén Darío Villa en el mediocampo; y un tridente ofensivo compuesto por René Houseman, Luque y Bertoni.
El momento histórico llegó a los 20 minutos del segundo tiempo. Con el partido ya resuelto a favor de Argentina, Menotti decidió darle la oportunidad al joven Maradona, quien ingresó al campo de juego vistiendo la camiseta número 19 en reemplazo de Leopoldo Luque. Años después, el propio Diego confesaría la intensidad de aquel instante: “Ese día me temblaron las piernas”, recordó, evidenciando la emoción que significó para un adolescente, forjado en los potreros de Fiorito y en las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, cumplir el sueño de vestir la casaca nacional.
Apenas pisó el césped de La Bombonera, Maradona mostró destellos de su talento innato. Su primera intervención destacada fue un pase preciso para Américo Gallego, que luego dejó a René Houseman mano a mano con el arquero húngaro, quien logró desviar el remate impidiendo el sexto gol del partido. Más tarde, el propio debutante tendría su chance de anotar, pero su disparo con la pierna derecha se elevó por encima del travesaño. A pesar de no haber convertido, su velocidad, precisión en el pase y visión de juego ya anticipaban las cualidades que, una década más tarde, lo consagrarían como el mejor jugador del mundo.
Aquel 27 de febrero no fue un amistoso más en el calendario. Fue el punto de partida de una carrera internacional con la Selección que se extendería a lo largo de 91 partidos y 34 goles. Fue también el prólogo de la consagración máxima en el Mundial de México 1986. Pero todo comenzó esa tarde en la Bombonera, cuando un adolescente conocido como el “Cebollita” se puso por primera vez la camiseta celeste y blanca, iniciando así el camino que lo convertiría en un símbolo eterno del fútbol argentino.

