Más de dos décadas después de su primera publicación, Los suicidas del fin del mundo regresa a las librerías en una nueva edición que reafirma su lugar como obra fundamental del periodismo narrativo argentino. El libro, escrito por Leila Guerriero y reeditado por Anagrama, vuelve a poner en circulación una investigación que conserva plena vigencia por la potencia de su mirada y la profundidad de sus preguntas.
Publicado originalmente en 2005, el texto reconstruye una serie de suicidios que conmocionaron a la localidad de Las Heras, en el norte de la provincia de Santa Cruz. Entre 1997 y 1999 —con casos que se extendieron hasta el año 2000— al menos veintidós personas se quitaron la vida, en su mayoría jóvenes. No hubo estadísticas oficiales ni registros sistemáticos: apenas anotaciones dispersas y una comunidad atravesada por el desconcierto y el silencio.
Guerriero llegó al pueblo en 2002 con el objetivo de entender qué había pasado. Durante meses entrevistó a familiares, amigos, docentes y vecinos, y escuchó hipótesis de todo tipo: desde rumores sobre sectas hasta explicaciones ligadas al llamado “contagio social”. Sin embargo, el eje del libro se fue desplazando hacia un trasfondo más amplio, marcado por el deterioro económico y social.
El relato expone cómo Las Heras, que había crecido alrededor del ferrocarril y la actividad petrolera estatal, quedó profundamente afectada por las privatizaciones de los años noventa. El desmantelamiento de YPF, los despidos masivos y el aumento del desempleo alteraron de manera drástica la vida cotidiana y el entramado comunitario. En ese contexto, las muertes adquirieron una dimensión colectiva que el libro aborda sin simplificaciones ni respuestas cerradas.
Con una prosa austera y precisa, alejada del sensacionalismo, la autora construye una crónica coral donde el paisaje patagónico —el viento, el polvo, la intemperie— se convierte en parte del relato. El texto no busca explicar lo inexplicable, sino registrar voces, gestos y silencios, y dejar constancia de una herida social que excede a los casos individuales.
La reedición de Los suicidas del fin del mundo no solo recupera un título clave, sino que lo vuelve a inscribir en un presente atravesado por crisis recurrentes en economías regionales y comunidades dependientes de actividades extractivas. A veinte años de su aparición, el libro sigue interpelando por su capacidad de convertir una tragedia local en una reflexión profunda sobre el país, la exclusión y los límites de toda explicación.

