Con el respaldo de libertarios, bloques dialoguistas y un puñado de peronistas, el oficialismo consiguió sancionar la ley de leyes antes del cierre del año. El recorte se sostuvo con 46 votos afirmativos, mientras el peronismo mayoritario votó en contra y quedó expuesta la nueva geometría política de la Cámara alta.
Al filo del cierre del año legislativo, Javier Milei logró la aprobación del Presupuesto 2026 en el Senado, una señal que el Gobierno presentó como clave para la “gobernabilidad” y que fue leída por los mercados y el Fondo Monetario Internacional como una ratificación del rumbo de ajuste. La ley se sancionó con 46 votos afirmativos, 25 negativos y una abstención.
Para asegurar el número, el Ejecutivo retiró del texto final el capítulo XI, que proponía derogar las leyes de financiamiento universitario y de servicios de discapacidad. Ese recorte había funcionado como línea roja para sectores dialoguistas en Diputados y amenazaba con trabar el trámite en la Cámara alta. La poda selectiva del proyecto permitió ordenar apoyos y cerrar la votación.
El bloque libertario aportó la totalidad de sus senadores y fue acompañado por una porción significativa de la UCR, el PRO y fuerzas provinciales. A ese esquema se sumaron tres votos del peronismo referenciado en Convicción Federal, que terminaron de inclinar la balanza a favor del oficialismo y habilitaron la mayoría simple requerida.
Entre los votos afirmativos se contaron, además de los libertarios, senadores radicales como Maximiliano Abad, Flavio Fama, Daniel Kroneberger y Carolina Losada; referentes del PRO como Luis Juez y Martín Goerling; y representantes de fuerzas provinciales y bloques menores. Del lado del peronismo, acompañaron Guillermo Andrada, Sandra Mendoza y Carolina Moisés.
En contraste, el peronismo mayoritario votó en bloque contra el presupuesto, con rechazos de figuras como José Mayans, Juliana Di Tullio, Eduardo “Wado” de Pedro, Alicia Kirchner y Sergio Uñac, entre otros. La única abstención correspondió a Alejandra Vigo. La votación dejó en evidencia una Cámara fragmentada y un oficialismo que, sin mayoría propia, sostuvo el ajuste con acuerdos tácticos y concesiones puntuales.

