sábado 4 abril, 2026

La serie El Eternauta revive modelos clásicos de la industria automotriz nacional

El estreno de “El Eternauta” en Netflix trajo a la pantalla no solo una adaptación del clásico de ciencia ficción de Héctor Germán Oesterheld, sino también un desfile de vehículos que marcaron presencia en las calles argentinas durante las décadas del 60, 70 y 80. La serie, protagonizada por Ricardo Darín, cuidó cada detalle en su producción y eligió modelos que representan fielmente una época.

En un Buenos Aires postapocalíptico, los autos antiguos se integran al relato como herramientas de supervivencia. Más que decorado, funcionan como nexo entre la historia y la vida cotidiana de generaciones que convivieron con ellos. La nieve tóxica y las calles desiertas encuentran así a estos vehículos como testigos del caos.

Uno de los primeros modelos que aparece en la serie es la IKA Estanciera. Se trata de una camioneta producida por Industrias Kaiser Argentina en Córdoba entre 1957 y 1970. Su presencia, tanto en zonas rurales como urbanas, le valió el apodo de “la rural argentina”. En la ficción, se la ve atravesando calles cubiertas de nieve letal.

Otro modelo de IKA que destaca en la trama es el clásico Jeep. Fabricado entre 1956 y 1978, fue pensado originalmente para uso militar y rural, aunque también tuvo gran aceptación entre particulares. En la serie, es utilizado por soldados argentinos en medio del desastre, reforzando su imagen como símbolo de resistencia mecánica.

También hay lugar para el IKA-Renault Torino, un modelo que se volvió insignia de la industria nacional. Con diseño europeo y fabricación local, se produjo entre 1966 y 1981. En “El Eternauta” aparece en los afiches promocionales y también en escenas clave, reafirmando su valor simbólico.

Entre los modelos de Ford, se destaca la F-100, pick-up que llegó al país en 1959. En la serie, salva al protagonista en un momento de tensión. Fue históricamente muy utilizada por trabajadores del campo y el transporte, y todavía se ven algunas unidades activas en varias regiones.

El Ford Falcon también aparece en “El Eternauta”, conducido por una familia que intenta escapar del peligro. Este auto se fabricó en General Pacheco entre 1963 y 1991 y se convirtió en uno de los más extendidos en el país. Con fuerte presencia en todos los sectores sociales, fue sinónimo de confiabilidad durante décadas.

Otro Ford presente es el Taunus, una adaptación del modelo europeo que se fabricó localmente entre 1974 y 1984. Este vehículo fue muy elegido por sectores medios y altos, y su inclusión aporta verosimilitud al ambiente urbano de la historia que narra la serie.

Renault también suma sus modelos a la ambientación. El R12, fabricado entre 1971 y 1994, aparece semienterrado en la nieve. Fue uno de los autos más vendidos en el país y es recordado por su durabilidad. Junto a él, el Renault Gordini asoma brevemente, sumando color a la escena.

Entre los vehículos de transporte colectivo, el Mercedes-Benz LO-1114 tiene una participación especial. Este icónico colectivo urbano, que supo recorrer las calles de Buenos Aires hasta bien entrados los años 90, es reconvertido en una casa rodante para los personajes.

El Peugeot 404 también se deja ver en varias escenas. Fabricado en Argentina entre 1962 y 1980, fue popular entre taxistas y trabajadores. Su perfil inconfundible lo volvió un habitual en el paisaje urbano, y su inclusión en la serie no pasa desapercibida.

Por último, el Citroën Ami 8 aparece como parte del decorado automotriz que ayuda a reconstruir la atmósfera. Este modelo económico fue producido entre 1971 y 1978 y se recuerda por su diseño peculiar y funcional.

En conjunto, los vehículos presentes en “El Eternauta” no solo ayudan a construir una escenografía fiel al relato original, sino que también invitan a recordar un capítulo de la historia automotriz del país. Los autos, muchos de ellos todavía visibles en calles y rutas, funcionan como puentes entre el pasado y una ficción cargada de símbolos.

La serie, filmada en locaciones reales y con fuerte presencia de elementos nacionales, recupera así no solo un ícono de la historieta argentina, sino también una parte viva de la cultura popular. El regreso de estos autos a la pantalla genera una conexión directa con la memoria colectiva.

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