Las distopías son un desafío para la inteligencia. El mundo se derrumba y tenemos que hacer el ejercicio de sobrevivir en él. Eso significa que debemos establecer prioridades, entender cómo son los nuevos códigos naturales y sociales. Y cómo nos debemos mover en este nuevo mundo.
Existe un soberano. Permítanme esa liviandad teórica. El estado. Nos impone las reglas, establece lo legal y lo ilegal. Junto a la cultura establecen lo moral y lo inmoral, lo bueno y lo malo. En las distopías post-apocalípticas lo que se ataca y se pone en duda es lo establecido. Es decir la delantera Soberano-Cultura.
En el tramo inicial. Nos resguardamos en los cercanos. Acordamos entre un grupo de amigos cómo debemos salir adelante, que vamos a cuidar en el espacio en el que vamos a compartir y con eso que materia prima se va a cuidar y cual no. Hasta ahí, no dista mucho de la organización de una comida entre amigos. Pero lo siguiente es distinguir con qué “normas” vamos a establecer lo correcto de lo incorrecto.
En este caso.Un protagonista quiere hacer unos mates y para eso debo utilizar el agua que estaba designada como recurso esencial y ante la mirada y aceptación de todos debo darle el uso que yo deseo. En este nuevo mundo el mate sigue siendo un símbolo del encuentro entre pares.
Comienzan las discrepancias. La situación se agrava un poco más. Tenemos que aprender que pasa afuera, porque las dudas y el conocimiento son motores movilizadores. Qué es esa nieve, donde están todos, porque la gente se desmaya, etc. Algunos prefieren vivir con lo que tienen, otros desean salir a la exploración. Hasta ahí, las decisiones son personales. Porque en el mundo nuevo la libertad de circulación sigue siendo un derecho inalienable. Me voy. Y pago con el cuerpo los riegos posibles.
Pero ahora los motivos son más fuertes. La familia en este nuevo mundo es un sentimiento intrínseco. Porque, obviamente, este nuevo mundo tiene cosas del mundo pasado. Entre ellos las instituciones. Y es importante que tengamos en cuenta esto. Porque los grupos se van a ir organizando y podemos dividirlos entre aquellas que van en contra de las viejas normas y, con esto, construir nuevas normas y aquellos que, en la negociación con las viejas normas, intentan respetar la mayor cantidad posible.
Recuperar a la familia sigue siendo un valor. Por lo tanto debemos salir a explorar el nuevo mundo en busca de nuestra hija. Y para eso debemos vincularnos con otros grupos que decidieron su cómo, de qué manera y entre quienes de manera parecida o similar a la nuestra. La organización dentro de un edificio.
Primera organización de un grupo de amigos. Segunda organización un grupo de vecinos. Hoy, bajo las normas de convivencia de un estado, vemos fracasar los horarios para sacar la basura, o la recolección de los residuos producidos por nuestras mascotas imaginemos acordar los horarios de higienización, de alimentación, de reparación de la bomba (esto pasa más allá de las distopías) y todo los imponderables que puedan ir surgiendo. Entre ellos el ingreso y egreso de personas a nuestro edificio. Nuestras decisiones influyen en las condiciones de las futuras decisiones, si creemos adecuado usar una mascota como “conejillo de indias” eso puede producir algo en los “ciudadanos del edificio”.
Pero hay organizaciones que perduran. No por la grandeza lograda en el pasado. Por lo elementales. Es lógico encontrar organizaciones militares. No hay nada más antiguo que obedecer y establecer esa obediencia por la fuerza física. Y eso lo encontramos en aquellos que andan saqueando y aquellos que en eran militares. Unos resguardan las normas de la normalidad otros las reformulan. También está la fantasía individualista. La lógica es que en un mundo sin reglas uno podría ser el ladrón que siempre soñó y soltó todos los deseos reprimidos por la cultura y andar “cagando” y “robando” a gente derrotada.
El individualismo teórico nos invita a vivir sin los sentimientos de empatía. Vaya desafío.
Pero a su vez, hay gente que aún cree en la empatía. Sabe que no es gratis dejar agonizar a alguien en la calle, que matar tiene un precio y el sufrimiento ajeno conmueve y nos moviliza. Y ayudar al otro puede ser reconfortante. Ojo. Por ahora, no en construcción colectiva sino en placer individual. Es un individuo el que se siente feliz por ayudar.
La pandemia del Covid-19 extendió los límites de la normalidad. Pensar las calles vacías. Los permisos de circulación. La improvisación en relación a la toma de decisiones en términos de aceptación del conocimiento científico. Por lo tanto muchas cosas que vemos en el Eternauta, ya no nos parecen tan lejanas. Sin embargo es una obra que se escribió en 1957.
Al comenzar estas líneas hablábamos de la relación Estado-Cultura, con liviandad. Lo que vemos en este nuevo mundo es una imposición de la cultura sobre el estado, sobre lo escrito y legalizado. Po lo tanto las relaciones entre los individuos, que son la cultura, van a ser lo que construyan la nueva normalidad.
Sepan que van a disfrutar de una excelente producción local. Las calles de Buenos Aires se van a ver filmadas por un director que supo retratar las marcas de lo social en las calles de Buenos Aires. Okupas. Bruno Stagnaro. La trama describe a la perfección el sentir de los personajes. De los desafíos frente a lo nuevo. Por eso es una recomendación dejar de lado la disputa partidaria para comprender que lo que está en juega es la organización de la sociedad.

