viernes 13 marzo, 2026

A 13 años de la histórica elección de Francisco: el Papa de la austeridad y justicia social como bandera

La tarde del 13 de marzo de 2013 quedó grabada en la memoria colectiva como un punto de inflexión para la Iglesia católica. Cerca de las tres de la Argentina, la tradicional fumata blanca que emergió de la chimenea de la Capilla Sixtina disipó la incógnita que mantenía en vilo a millones de fieles. Minutos después, la voz del cardenal protodiácono Jean-Louis Tauran resonó desde el balcón de la Basílica de San Pedro para anunciar un nombre que dio la vuelta al mundo: Jorge Mario Bergoglio, hasta entonces arzobispo de Buenos Aires, se convertía en el sucesor de San Pedro, adoptando el nombre de Francisco. Su elección rompió más de un milenio de tradición, al ser el primer pontífice latinoamericano, el primer jesuita y el primer papa no europeo en 1.200 años.

Desde el primer momento, el nuevo Papa dejó en claro que su misión estaría guiada por la coherencia y la cercanía. Apenas un día después de su elección, el entonces cardenal Bergoglio regresó al hotel donde se había alojado para pagar su cuenta personalmente y, en un gesto sin precedentes, decidió no residir en el Palacio Apostólico, optando por la sobriedad de la residencia de Santa Marta. Esta sencillez fue el preludio de un estilo pastoral que definió su pontificado: “Una iglesia que sea ‘hospital de campaña’, capaz de curar las heridas del mundo”, solía repetir, dejando de lado las formalidades para priorizar el contacto directo con los fieles. Su paso por los barrios populares de Buenos Aires y su labor denunciando la trata de personas anticipaban el perfil de un pastor que visitaría cárceles, villas y campamentos de refugiados, y que haría gestos tan simbólicos como lavar los pies a personas marginadas.

Su voz, sin embargo, no solo resonó en los gestos cotidianos, sino también en el ámbito internacional y en documentos que marcarán a la Iglesia por generaciones. A lo largo de su pontificado, Francisco realizó 47 viajes fuera de Italia, visitando 66 países y llevando su mensaje a las “periferias” del mundo, como Birmania, Irak o Sudán del Sur, naciones que nunca antes habían recibido a un Papa. En 2015, con la encíclica Laudato si’, puso el foco del debate global en la crisis ambiental, y en 2020, a través de Fratelli tutti, llamó a la fraternidad y a repensar los desafíos sociales y políticos del mundo contemporáneo. Incluso con limitaciones físicas, en 2024 emprendió el viaje más extenso de su papado, recorriendo Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur.

La mañana del 21 de abril de 2025, en la residencia de Santa Marta donde había elegido vivir, el Papa Francisco falleció a los 88 años. La noticia conmovió a un mundo que lo había visto transformar la imagen del papado, y la fecha, un lunes de Pascua, añadió una capa de profundo simbolismo para los cristianos. Su funeral, celebrado el 26 de abril en la Plaza de San Pedro, reunió a miles de fieles y líderes internacionales que le dieron el último adiós, antes de que su cuerpo fuera sepultado en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma.

A más de una década de aquella histórica fumata blanca, la figura del papa argentino trasciende su paso por el Vaticano. Su legado se sostiene en la apuesta por una Iglesia más abierta y comprometida con la justicia social, en la defensa de los más vulnerables y en la convicción de que la fe debía ser una herramienta de encuentro y no de exclusión. Francisco dejó una huella imborrable, no solo en la institución que lideró, sino en la historia contemporánea, demostrando que un pastor del fin del mundo podía convertirse en una brújula moral para la humanidad.

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