Una nota con amenazas gravísimas apareció pegada en la cartelera del Instituto Superior de Formación Docente (ISFD) “Prof. Vicente D’Abramo” 35 de Monte Grande. El mensaje, escrito a mano en una hoja de cuaderno, no sólo repite conceptos libertarios sino que además replica, sin pudor, las prácticas del terrorismo de Estado. “La única solución es erradicar a los zurdos de dicho lugar, ya sea matando a uno o traer algunos Ford Falcon verdes y hacerlos desaparecer. Hagamos Patria. Es una promesa”, se lee en el texto, cuya redacción y tono remiten directamente a los años más oscuros de nuestra historia reciente.
La amenaza no se limita al tono violento: también lleva una carga ideológica clara y peligrosa. “No se dejen llevar por los zurdos, son amigos de Kicillof, de Cristina y de todos los kukas del país”, dice el escrito, ubicando en el centro del blanco a los sectores progresistas, en especial al kirchnerismo, y haciendo eco del discurso que determinados sectores libertarios intentan instalar como sentido común. “A los kukas no les importa la República. Sólo quieren beneficios y/o privilegios”, agrega el autor anónimo, dejando en evidencia que no se trata de un hecho aislado ni espontáneo, sino de una expresión de odio con raíces políticas profundas.
La aparición de este tipo de mensajes en un ámbito educativo, destinado a la formación de futuros docentes, es de una gravedad institucional alarmante. No es casual que se recurra a la figura del Ford Falcon verde, símbolo ineludible del aparato represivo de la dictadura, ni que se hable de “hacerlos desaparecer”. Se trata de una reivindicación directa del genocidio, de un intento por reinstalar el miedo como método de control ideológico, como si cuarenta años de democracia no hubieran servido para construir una sociedad más justa y libre.
Las autoridades del instituto actuaron con celeridad al retirar el mensaje y comenzar una investigación para dar con los responsables. Pero el hecho no puede quedar reducido a una acción aislada: es necesario un repudio contundente y un debate profundo sobre los discursos de odio que hoy circulan sin filtro, alentados desde sectores que no sólo niegan el terrorismo de Estado sino que lo celebran. La democracia no se defiende con tibieza, y mucho menos cuando el fantasma del pasado vuelve a tocar la puerta de nuestras escuelas.

