domingo 27 septiembre, 2026

VPH: 8 de cada 10 personas podrían contraerlo alguna vez en su vida

El virus del papiloma humano se transmite principalmente por contacto sexual y suele no presentar síntomas. La vacunación y los controles periódicos son las principales herramientas para prevenir las complicaciones asociadas a la infección.

El virus del papiloma humano (VPH) es una familia de virus muy frecuente que puede afectar tanto a mujeres como a hombres. Se transmite principalmente por contacto sexual, incluso cuando la persona infectada no presenta síntomas.

Se estima que 8 de cada 10 personas contraerán VPH alguna vez en su vida. En la mayoría de los casos, el organismo logra controlar la infección. Sin embargo, determinados tipos de alto riesgo pueden persistir durante años y provocar lesiones que, con el tiempo, pueden derivar en distintos tipos de cáncer.

La importancia de la vacunación

La vacuna contra el VPH permite prevenir infecciones causadas por los tipos del virus que contempla y reducir el riesgo de desarrollar lesiones precancerosas y cánceres asociados, especialmente el cáncer de cuello uterino.

En Argentina, el Calendario Nacional de Vacunación establece la aplicación de una dosis a los 11 años tanto para chicas como para chicos. La vacuna es gratuita y está disponible en vacunatorios y centros de salud públicos.

La vacunación de los varones también contribuye a proteger su salud y a disminuir la circulación del virus, ya que pueden adquirirlo y transmitirlo sin saberlo y también desarrollar verrugas genitales y cáncer de pene, ano u orofaringe.

En caso de que una persona adulta no haya recibido la vacuna o haya tenido VPH, se recomienda consultar con un profesional de la salud. Haber tenido una infección no significa necesariamente haber estado expuesto a todos los tipos incluidos en la vacuna. Sin embargo, la vacuna previene nuevas infecciones, pero no elimina una infección existente ni cura una lesión.

Controles para detectar lesiones

Una de las particularidades del VPH es que habitualmente no produce síntomas. Algunos tipos pueden provocar verrugas genitales, mientras que las infecciones de alto riesgo pueden generar alteraciones en las células del cuello uterino sin causar molestias.

Por este motivo, los controles ginecológicos cumplen un papel fundamental en la detección temprana.

El PAP permite detectar alteraciones en las células del cuello uterino. En Argentina se recomienda realizarlo a partir de los 25 años. Los dos primeros controles se realizan con un año de diferencia y, si los resultados son normales, posteriormente cada tres años.

A partir de los 30 años, donde está disponible, se recomienda el test de VPH como método de detección. Si el resultado es negativo, puede repetirse cada cinco años.

La colposcopía se indica cuando los resultados requieren un estudio más detallado del cuello uterino y eventualmente una biopsia. No es un estudio que todas las personas deban realizarse de manera rutinaria junto con el PAP o el test de VPH.

Tener VPH no significa tener cáncer

Uno de los principales mitos alrededor del virus es que un resultado positivo equivale a un diagnóstico de cáncer. Esto no es así: la infección es muy frecuente y en la mayoría de los casos desaparece espontáneamente.

Ante un resultado positivo, el equipo de salud determina los pasos a seguir de acuerdo con la edad, los antecedentes y los resultados de los estudios. El seguimiento puede incluir un nuevo control, PAP, colposcopía o, cuando corresponde, una biopsia.

Si se detecta una lesión precancerosa, puede ser tratada y controlada para evitar que avance.

Además de la vacunación y los controles, el uso correcto y constante del preservativo reduce el riesgo de transmisión, aunque no lo elimina por completo debido a que el virus puede afectar zonas de la piel que quedan fuera de su cobertura.

La vacuna y la fertilidad

Otro de los mitos frecuentes sostiene que la vacuna contra el VPH puede provocar infertilidad. Sin embargo, la evidencia disponible no respalda una relación causal entre la vacunación contra el VPH y la infertilidad o la insuficiencia ovárica prematura.

La prevención, la vacunación y los controles periódicos permiten reducir el riesgo de desarrollar enfermedades asociadas al virus y detectar de manera temprana aquellas lesiones que requieren tratamiento.

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