Cada ciudad tiene sus mitos de origen. Algunas nacen alrededor de un puerto, otras junto a una estación de tren o al costado de un río. Lomas de Zamora empezó de una manera más simple: con un puñado de familias, un reparto de tierras y la decisión de quedarse en un territorio que todavía era casi todo campo abierto. En este Día del Padre, vale la pena recordar a aquellos hombres y mujeres que, sin saberlo, comenzaron a escribir la historia de una ciudad que dos siglos después alberga a cientos de miles de personas y son “los padres” de nuestra ciudad.
Si hubiera que elegir un nombre entre todos, ese sería el de Tomás Grigera. No porque haya fundado Lomas en soledad —las ciudades nunca son obra de una sola persona— sino porque fue quien logró que el proyecto echara raíces. En 1821 gestionó ante el gobernador Martín Rodríguez la entrega de tierras para treinta familias. Eran chacras, parcelas de trabajo, promesas de futuro. Allí empezó todo: una pequeña comunidad agrícola que con el tiempo se transformó en uno de los municipios más importantes de la provincia de Buenos Aires.
Pero la historia de Lomas no se explica únicamente a través de los grandes nombres. Junto a Grigera estuvieron Antonio Luciano Ballester y decenas de vecinos que apostaron por una tierra todavía incierta. Los registros conservan los apellidos de aquellos primeros pobladores: Grigera, Portela, Casavalle, Rodríguez, Luna, Bustos, Martínez y tantos otros. Fueron ellos quienes abrieron caminos, levantaron viviendas y construyeron una comunidad cuando todavía no existían ni las avenidas, ni los barrios, ni las plazas que hoy parecen eternas.
Décadas después llegaron otros protagonistas. Victorio Grigera, Francisco Portela y Esteban Adrogué fueron los hombres que ayudaron a transformar aquella aldea dispersa en un pueblo organizado. Victorio donó las tierras donde se levantarían la plaza principal, la iglesia y la municipalidad. No eran simples terrenos: eran los espacios destinados a convertirse en el corazón de la vida pública. Allí comenzó a tomar forma la Lomas que conocemos.
Quizás por eso la idea de los “padres de Lomas” resulte insuficiente. Porque ninguna ciudad nace de un solo fundador ni de un puñado de próceres. Lomas fue, desde el principio, una construcción colectiva. La hicieron quienes pidieron las primeras tierras, quienes trabajaron la tierra, quienes impulsaron escuelas, comercios, ferrocarriles e instituciones. La hicieron los Grigera y los Portela, pero también los cientos de vecinos anónimos cuyos nombres se perdieron en los archivos. Como ocurre siempre con las ciudades, los verdaderos fundadores son muchos más de los que entran en una placa o en un libro de historia. Y acaso ese sea el mejor homenaje posible: recordar que Lomas nació de una comunidad que decidió construir futuro juntos.

