El índice de precios de marzo se encamina a cerrar con una suba moderada, aunque condicionada por el fuerte aumento de los combustibles y el impacto del contexto internacional. Según estimaciones de consultoras privadas, la inflación del mes se ubicaría entre el 2,8% y el 3,2%, en línea con los registros recientes pero lejos de una baja sostenida.
El dato oficial será difundido el 14 de abril por el Instituto Nacional de Estadística y Censos, aunque los analistas coinciden en que la suba acumulada de la nafta —que ronda el 20% en marzo— tendrá un rol clave en el resultado final.
De acuerdo con las proyecciones, este incremento podría aportar alrededor de 0,6 puntos porcentuales al Índice de Precios al Consumidor (IPC). El impacto no es menor si se tiene en cuenta que los combustibles representan cerca del 3,8% de la canasta que mide la inflación.
La presión no se limita a los surtidores. El aumento de la nafta se trasladó a otros rubros, como alimentos —especialmente carnes y productos frescos—, transporte, servicios públicos y educación, en un contexto marcado por el inicio del ciclo lectivo y ajustes tarifarios.
Especialistas del sector energético señalan que la dinámica de precios responde en gran parte a la evolución del petróleo a nivel global. En ese sentido, el alza del barril —impulsada por tensiones geopolíticas— repercute directamente en los valores locales, aunque de forma atenuada.
Desde el análisis económico, algunas consultoras sostienen que la suba del combustible impactará de manera escalonada: una parte se reflejará en marzo y otra en abril, lo que podría prolongar la presión inflacionaria en el corto plazo.
En cuanto a las proyecciones, varias firmas coinciden en un cierre cercano al 3%. Algunas estimaciones ubican el índice levemente por encima de ese número, mientras que otras anticipan una leve desaceleración respecto a febrero.
El escenario también abre interrogantes sobre el comportamiento del segundo trimestre. Si bien se espera una moderación a partir de abril, los analistas advierten que será clave observar la evolución de los precios regulados, el tipo de cambio y el contexto internacional.
Con este panorama, el primer trimestre de 2026 podría finalizar con una inflación superior a la del mismo período del año anterior, dando como resultado un arranque de año con fuertes desafíos para el poder adquisitivo y la estabilidad de precios.

