viernes 27 marzo, 2026

De huella de ganado a autopista: la historia del Camino Negro, el corredor que transformó el sur del conurbano

Lo cruzan miles de autos cada día, pero pocos conocen su origen. El corredor que hoy se llama oficialmente Autopista Presidente Juan Domingo Perón nació como una simple huella de tierra por donde se arreaba ganado hacia Buenos Aires. Con el tiempo, ese sendero se convirtió en símbolo de las transformaciones del conurbano bonaerense.

El nombre “Camino Negro” hace referencia al macadam, un tipo de pavimento oscuro que se utilizó para cubrir el antiguo camino de tierra. Fue, paradójicamente, una señal de progreso: donde antes había barro, apareció una superficie industrial y moderna.

El salto hacia su consolidación vial llegó en los años 60, cuando la Dirección Provincial de Vialidad firmó el 5 de agosto de 1961 el contrato para pavimentar el tramo entre el Puente de la Noria y la calle Molina Arrotea, obra que finalizó en 1964. Ese proceso marcó el ingreso definitivo del Estado en la organización del territorio, fijando una traza estratégica que acompañó la expansión urbana y productiva del sur del conurbano.

De hecho, entre 1961 y 1963 se trazó un recorrido nuevo, más recto y funcional, que reemplazó al viejo camino que pasaba por las calles Falucho, Homero y Virgilio, vinculado a una época más tranquila de balnearios y paseos locales, como el de Albertina. El cambio no fue solo de traza: fue de lógica. Se pasó de una circulación lenta y vecinal a una pensada para la velocidad y la conexión regional.

Entre 1965 y 1984, trabajadores de SEGBA impulsaron la iluminación del corredor y se amplió a dos carriles por mano. Fue entonces cuando algunos empezaron a llamarlo, con ironía, “Camino Blanco”.

El impacto del Camino Negro fue mucho más que vial. Su consolidación como eje de tránsito reorganizó el partido de Lomas de Zamora: surgieron nuevas centralidades a lo largo del corredor y, en los años 70, se instalaron allí los Tribunales, un hito que marcó el desplazamiento del Estado hacia donde la infraestructura lo hacía posible.

La última gran transformación llegó entre 2003 y 2008, con la conversión en autopista elevada. El trazado se levantó sobre zonas inundables ligadas a la antigua laguna de Santa Catalina, una solución técnica que no resolvió las fragilidades del territorio sino que, literalmente, las sobrevoló.

A lo largo de las décadas, el camino cambió varias veces de nombre oficial: Cañada de Gómez, Ituzaingó, Ruta Provincial 10 de Septiembre de 1861, Brigadier General Juan Manuel de Rosas, hasta llegar a la actual denominación. Sin embargo, para los vecinos siempre fue y sigue siendo el Camino Negro. Un nombre que ningún decreto pudo reemplazar.

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