La histórica fábrica de neumáticos que en los años ’80 unió a River Plate y Boca Juniors bajo un mismo sponsor bajó la persiana en Virreyes y dejó a 920 trabajadores en la calle. El derrumbe expone el contraste entre aquella Argentina industrial que invertía en producción y el presente de apertura indiscriminada impulsado por el gobierno de Javier Milei.
En 1985, mientras el país estrenaba el Plan Austral, Fate se convirtió en el primer sponsor oficial en la camiseta de River y, para evitar tensiones, también patrocinó a Boca. La cifra que pagaba entonces —entre 300.000 y 400.000 dólares anuales— hoy parece simbólica frente a los más de 10 millones que manejan los contratos actuales, pero alcanzó para asociar la marca a la etapa gloriosa del River campeón de América y del Mundo en 1986.
Fundada en 1940 por Leiser Madanes como Fábrica Argentina de Telas Engomadas, la compañía creció durante décadas al calor del desarrollo industrial argentino. Produjo el primer neumático radial del país en 1969 y llegó a fabricar 5 millones de cubiertas por año, abasteciendo incluso a gigantes internacionales. Durante generaciones fue sinónimo de industria nacional y empleo calificado.
Ese entramado productivo no resistió la apertura de importaciones y la caída de ventas en un mercado inundado de neumáticos extranjeros. La empresa argumentó falta de competitividad frente a productos importados, un escenario que se profundizó con la desregulación y la reducción de aranceles promovidas por la actual gestión libertaria.
El 18 de febrero la planta cerró definitivamente. Detrás quedaron las camisetas históricas y una marca que supo ser emblema de industria argentina. Lo que quedó en pie fue el saldo social del experimento: casi mil familias sin trabajo y otra fábrica que se apaga en nombre de un dogma de mercado que no contempla el costo humano.

