viernes 16 enero, 2026

Más desregulación y dudas en el bolsillo: el Gobierno eliminó los aranceles a celulares

La quita del impuesto a la importación entró en vigencia este jueves y fue celebrada por el oficialismo, aunque la brecha de precios con el exterior sigue siendo abismal y el impacto real en los valores locales genera interrogantes.

El Gobierno nacional avanzó con la eliminación total de los aranceles de importación para teléfonos celulares, una medida que comenzó a regir este jueves 15 de enero y que redujo la alícuota del 9,5% al 0%. La decisión fue presentada como una herramienta para bajar precios, desalentar el turismo de compras y facilitar el acceso a la tecnología, en un mercado marcado por distorsiones crecientes frente a los valores internacionales.

La iniciativa se inscribe en un escenario donde comprar un celular en el exterior resulta, en muchos casos, sensiblemente más barato que hacerlo en el país. La diferencia de precios reactivó con fuerza el llamado “turismo de compras”, especialmente hacia Paraguay, donde miles de argentinos viajan para adquirir dispositivos de alta gama a valores muy inferiores, incluso sumando pasajes y estadía.

Un caso paradigmático es el denominado “Apple Tour”. En Argentina, un iPhone 17 de 256 GB se comercializa cerca de los dos millones de pesos, mientras que combinando un paquete turístico a Iguazú y la compra del equipo en Ciudad del Este, el gasto total queda cientos de miles de pesos por debajo del precio local. En los modelos más caros, la brecha supera ampliamente el millón de pesos, exponiendo la falta de correlación entre impuestos y precios finales.

La eliminación del arancel quedó formalizada a través del Decreto 333/2025, que buscó corregir parte de estas distorsiones. Sin embargo, el propio Gobierno admite que la quita del 9,5% no explica por sí sola las diferencias actuales, atravesadas por márgenes comerciales elevados, costos internos y una estructura de mercado concentrada sin controles efectivos.

Pese a ese contexto, el vocero presidencial Manuel Adorni celebró la medida y habló del “fin de los aranceles” como sinónimo de mejores precios. El mensaje oficial contrastó con la realidad del mercado, donde la brecha con países vecinos sigue siendo muy alta y el impacto concreto en el bolsillo de los consumidores todavía aparece como una incógnita.

Mientras el Gobierno insiste en la desregulación como receta, la experiencia reciente deja abierta la discusión sobre quiénes se benefician realmente con estas medidas. En un escenario de consumo retraído y poder adquisitivo deteriorado, la eliminación de aranceles vuelve a poner en debate si la baja de impuestos se traduce en alivio para la mayoría o si consolida un esquema de precios elevados sin regulación estatal.

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