Con la llegada de las altas temperaturas y la mayor exposición al sol, no solo la piel sufre las consecuencias del verano: los ojos también están en riesgo. La intensificación de la radiación solar, sumada al calor, el uso de piletas y la permanencia en ambientes climatizados, obliga a extremar los cuidados para evitar daños en la salud visual.
La radiación ultravioleta (UVA y UVB) puede provocar efectos nocivos en los ojos y en la delicada piel de los párpados, una zona especialmente sensible y frecuentemente descuidada. La exposición acumulada al sol tiene consecuencias a largo plazo, por lo que la prevención resulta clave incluso en jornadas nubladas.
Uno de los cuidados fundamentales es el uso de anteojos de sol con filtro UV certificado. El color del lente no determina el nivel de protección: lo importante es que bloquee correctamente los rayos ultravioletas. Se recomienda optar por modelos envolventes que cubran bien toda el área ocular y adquirirlos en ópticas habilitadas. Complementar con gorros o sombreros ayuda a reducir la exposición directa.
Durante actividades acuáticas, tanto en piletas como en el mar, es importante utilizar antiparras protectoras para evitar irritaciones causadas por el cloro, la sal, el viento o la arena. En el caso de quienes usan lentes de contacto, se aconseja retirarlos antes de ingresar al agua, ya que los microorganismos pueden adherirse y generar infecciones oculares.
El verano también suele traer un aumento de las conjuntivitis estacionales, favorecidas por el calor, los espacios concurridos y el contacto con agua contaminada. Para prevenirlas, se recomienda no compartir toallas, evitar tocarse los ojos con las manos sucias, higienizar el rostro al salir de la pileta y mantener los ojos lubricados con lágrimas artificiales si fuera necesario.
Los niños y niñas merecen especial atención, ya que pasan más tiempo al aire libre durante las vacaciones. Es fundamental limitar la exposición solar en horarios de mayor radiación, asegurar el uso de gorros y lentes con filtro UV —especialmente a partir de los 5 o 6 años— y promover hábitos de cuidado desde edades tempranas, dado que gran parte de la exposición solar acumulada ocurre antes de la adolescencia.
Otro factor a tener en cuenta es el uso prolongado de aire acondicionado, que puede generar sequedad ocular, visión borrosa o ardor. Mantener una temperatura moderada y realizar pausas visuales ayuda a prevenir el llamado “síndrome del ojo seco”. Lo mismo ocurre con el exceso de pantallas: reducir el tiempo frente a celulares, computadoras y televisores permite disminuir la fatiga visual.
Por último, una alimentación equilibrada también contribuye al cuidado de la vista. Incorporar alimentos ricos en vitaminas A, C y E, antioxidantes y ácidos grasos Omega 3 —como verduras de hoja verde, zanahorias y frutas cítricas— puede ayudar a mantener una buena salud ocular durante los meses más calurosos del año.


