martes 13 enero, 2026

El acuerdo Mercosur–Unión Europea: los detalles de esta integración histórica que genera fuertes tensiones

El entendimiento entre ambos bloques proyecta un comercio de hasta USD 150.000 millones, pero enfrenta resistencias políticas, exigencias ambientales y desafíos productivos que condicionan su puesta en marcha.

El acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea abrió una etapa inédita en la relación birregional, al conformar un mercado de 780 millones de personas y concentrar cerca del 25% del PBI mundial. El entendimiento promete profundizar la integración económica y elevar el comercio bilateral en torno al 40%, según un informe reciente de la consultora LLYC.

Los datos actuales ya muestran la magnitud del vínculo: en 2024, el intercambio de bienes entre ambos bloques superó los 111.000 millones de euros. Europa importó principalmente productos agrícolas, minerales y derivados del papel, mientras que exportó al Mercosur maquinaria, productos químicos, farmacéuticos y equipos de transporte. De consolidarse el acuerdo, el comercio podría escalar hasta los USD 150.000 millones en los próximos años.

El informe destacó que la liberalización arancelaria alcanzaría a más del 90% de los intercambios, lo que otorgaría ventajas competitivas a la agroindustria y al sector minero del Mercosur, pero también abriría tensiones sobre las manufacturas regionales frente a la competencia europea. Del lado europeo, sectores como la automoción y la industria química reducirían costos, con ahorros estimados en hasta 4.000 millones de euros anuales en derechos aduaneros.

Sin embargo, el camino hacia la implementación aparece atravesado por fuertes condicionantes. Las exigencias ambientales, de trazabilidad y derechos laborales impuestas por la normativa europea obligan a profundas adaptaciones productivas en los países del Mercosur. A la vez, persisten resistencias políticas en países como Francia, Polonia y Austria, donde los sectores agropecuarios presionan contra la ratificación del acuerdo.

Para sortear esos obstáculos, se evalúa la aplicación de un acuerdo interino que permita activar el capítulo comercial desde 2026, aunque la falta de una institucionalidad supranacional en el Mercosur implica que cada país deba ratificarlo individualmente. “El éxito del acuerdo no se definirá solo en los Parlamentos, sino en la respuesta estratégica de los actores económicos”, sostuvo Juan Ignacio Di Meglio, al subrayar que la integración abre oportunidades, pero también expone asimetrías que vuelven central el rol del Estado en la defensa del desarrollo productivo y el trabajo local.

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