La bronca por los reiterados cortes de energía eléctrica derivó el pasado jueves en una fuerte protesta en el centro de Lomas de Zamora, donde vecinos retuvieron un móvil de la empresa Edesur para exigir una solución inmediata. La medida fue adoptada por familias que aseguran sufrir interrupciones constantes del servicio desde junio, situación que se agravó durante diciembre y en plena ola de calor.
El hecho ocurrió al mediodía en la calle Pedroni al 1200, donde más de 50 hogares permanecieron durante horas sin suministro eléctrico. Según trascendió, durante la protesta al vehículo de la empresa le desinflaron las ruedas y le rompieron una de las ventanillas. En el lugar intervino la Policía, que permaneció a la espera de una resolución del conflicto.
Los vecinos aseguraron que no liberarían el móvil hasta que el servicio fuera restablecido. Finalmente, la luz regresó cerca de las 15, lo que permitió descomprimir la situación, aunque el malestar continúa.
La indignación creció luego de pasar Nochebuena y Navidad sin luz, sumando otro episodio a una larga lista de reclamos sin respuesta. Los cortes afectaron a varias cuadras de calles como Garibaldi, Pringles y Pedroni, ubicadas a unas cinco cuadadras de la avenida Hipólito Yrigoyen, en un contexto de sensación térmica superior a los 42 grados, lo que profundizó el malestar vecinal.
La situación en Lomas se suma a protestas similares en otras localidades del sur del conurbano, como Canning y San Vicente, donde también se registraron marchas contra Edesur por la falta de suministro y la ausencia de respuestas concretas ante una problemática que, para muchos usuarios, ya se volvió insostenible.
En este marco, cabe destacar el contexto de eta situación. El colapso del sistema no es un hecho inesperado. En una de sus últimas decisiones como interventor del ENRE, Walter Martello aprobó en 2023 una auditoría técnica integral que alertaba sobre incumplimientos contractuales reiterados y graves por parte de Edesur. A través de la resolución 857/23, el organismo incluso recomendó avanzar en la quita de la concesión, una advertencia que la administración libertaria decidió no atender.
El informe fue contundente: la distribuidora controlada por el grupo italiano Enel arrastraba incumplimientos recurrentes de los planes de inversión, un servicio precario y una estructura incapaz de responder al crecimiento de la demanda. Entre las principales falencias, se señalaron la falta de instalaciones adecuadas, el cortoplacismo en la toma de decisiones, la obsolescencia de equipos críticos, la subejecución de obras en alta y media tensión y un sistema de atención al usuario deficitario, con escasez de cuadrillas para atender reclamos.
El conflicto se da en un contexto de fuertes aumentos tarifarios: desde la asunción de Milei, las tarifas eléctricas se incrementaron hasta un 270%, sin que ello se haya traducido en mejoras visibles del servicio. La combinación de subas históricas, falta de inversión y cortes prolongados profundizó el malestar en distintos puntos del conurbano.
La sucesión de apagones, el antecedente de una auditoría ignorada y la escalada de protestas vecinales vuelven a colocar a Edesur y al Gobierno nacional en el centro del debate. Con temperaturas extremas cada vez más frecuentes y una red que perdió confiabilidad y seguridad, la falta de inversiones aparece como el denominador común de una crisis que ya no es excepcional, sino recurrente.

