Cada 4 de septiembre se celebra en la Argentina el Día Nacional de la Historieta, una fecha destinada a reconocer el valor de este arte que combina palabras e ilustraciones y que dio vida a personajes inolvidables de la cultura popular. La jornada busca rendir homenaje a guionistas, dibujantes y editores que, desde hace décadas, sostienen una tradición que marcó a varias generaciones de lectores.
El origen de la efeméride se remonta a 2005, cuando un grupo de artistas, críticos y lectores propuso instituir un día dedicado a la historieta. Se eligió el 4 de septiembre porque ese día de 1957 apareció el primer número de la revista Hora Cero Semanal, editada por la Editorial Frontera de Héctor Germán Oesterheld. Desde sus páginas surgieron títulos que marcaron un antes y un después en el género.
La importancia de la fecha tuvo un reconocimiento formal en 2009, cuando la Legislatura Porteña aprobó la Ley 3.220, que declaró la jornada como Día de la Historieta en la Ciudad de Buenos Aires. Al año siguiente, el Congreso Nacional sancionó la Ley 26.652, extendiendo la celebración a todo el país. De esta manera, se consolidó una política cultural que alienta la preservación y difusión de las historietas como expresión artística.

Entre las obras más emblemáticas surgidas de este movimiento se encuentra El Eternauta, escrita por Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López. La historia, publicada en formato de folletín, narraba la resistencia de un grupo de vecinos porteños frente a una invasión alienígena, convirtiéndose en un clásico de la ciencia ficción nacional. Su protagonista, Juan Salvo, pasó a ocupar un lugar destacado en la memoria colectiva.
Oesterheld dejó una huella profunda en la historieta argentina. Guionista, editor y militante, trabajó con artistas de renombre como Hugo Pratt y Alberto Breccia, y creó personajes como Sargento Kirk, Ernie Pike y Sherlock Time. Su vida estuvo marcada por la violencia política de los años setenta: debió pasar a la clandestinidad y fue secuestrado en 1977, permaneciendo desaparecido desde entonces.
Más allá de su trágico destino, la obra de Oesterheld trascendió en el tiempo y consolidó una visión colectiva del heroísmo. Sus guiones reflejaron la idea de resistencia y unidad, valores que se transmitieron a través de viñetas que conquistaron lectores en todo el país. Con El Eternauta II y otros proyectos, el autor aportó un enfoque comprometido que enriqueció el género.

La historieta argentina no se explica únicamente desde la figura de Oesterheld. Autores como Dante Quinterno, creador de Patoruzú, Alberto Breccia, Quino, Mordillo y Horacio Altuna, entre otros, dieron forma a un repertorio de personajes y estilos que se proyectaron internacionalmente. Mafalda, Boggie el Aceitoso, Inodoro Pereyra o las obras de Maitena son parte de ese legado compartido.
El Día Nacional de la Historieta es, en definitiva, un recordatorio del aporte cultural que este género brindó y continúa brindando. Con historias traducidas a más de 20 idiomas y una tradición editorial que se mantiene vigente, la historieta argentina forma parte de la identidad cultural del país y sigue siendo un puente entre generaciones de lectores.

