Desde esta semana el boleto mínimo en 103 líneas nacionales sube 6,1 % y llega a $451,01. La medida, parte del ajuste avalado por la Secretaría de Transporte, suma presión al presupuesto de trabajadores, estudiantes y jubilados que dependen del transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
El aumento rige para las líneas que dependen del Ejecutivo nacional y recorre el último tramo del incremento de 21,52 % aprobado en mayo. El primer salto se aplicó el 23 de ese mes, cuando el pasaje pasó de $371,13 a $397,11; el segundo ajuste llegó el 16 de julio y lo llevó a $424,91. Ahora el boleto mínimo escala a $451,01 mientras el Gobierno insiste en que los usuarios asuman una mayor parte del costo.
La suba alcanza a servicios clave como las líneas 1, 8, 60, 86, 88, 100, 126, 152 y 168, entre otras, que conectan barrios populares con los centros laborales y educativos de la Ciudad y el conurbano. Para los recorridos de 3 a 6 kilómetros el pasaje trepa a $502,43; viajar entre 6 y 12 kilómetros costará $541,13 y los trayectos de más de 27 kilómetros se pagarán a $618,35. Aquellos que aún no registraron su tarjeta SUBE enfrentarán tarifas casi 60 % más altas.
Mientras tanto, las líneas controladas por Ciudad y Provincia aplican su esquema de indexación mensual ligado a la inflación más un 2 % adicional, lo que este mes representó otro 3,5 %. De esta forma, el tarifazo nacional marca la pauta para un sistema que acumula aumentos muy por encima de los salarios y pulveriza cualquier alivio prometido.
El Gobierno de Javier Milei justifica la decisión en la necesidad de reducir subsidios, pero omite el efecto regresivo sobre quienes no tienen alternativa de transporte. Organizaciones de usuarios y gremios advierten que el encarecimiento del boleto fuerza recortes en otros gastos esenciales y profundiza la inequidad territorial: quienes viven más lejos pagan más por trabajar o estudiar en la Ciudad.

